PEUMA educación y pedagogía

4 novembre 2011

La cuna de la democracia chantajeada por el poder del dinero: Grecia y la Unión Europea

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Hace días se viene desarrollando un largo capítulo de una crisis que comenzó hace un tiempo: la situación económica de Grecia y su relación con la  Unión Europea. Pero no es de la crisis en sí que creo imprescindible hablar sino de una dimensión que al parecer está pasando desapercibida entre tanta noticia.  Para explicarlo en pocas y simples palabras: producto de su crisis económica y en calidad de miembro de la UE Grecia recibió un plan de « salvataje » económico por parte de la UE que consiste en dinero fresco para mantener a flote su economía, así como un « recorte » del 50 % de su deuda, claro está, a cambio de  aceptar un conjunto de imposiciones respecto a su política y  gasto fiscal. 

Obviamente el costo de dicho salvataje es que Grecia adopte una serie de decisiones de política fiscal ideadas por la UE y el FMI que significarán grandes costos sociales. Ante ello el gobierno griego había anunciado que llamaría a un referendum para que sus ciudadanos se pronunciaran por la aprobación o rechazo de dicho plan, lo cual parecería ser una decisión obvia para un gobierno ante una opción tan fundamental para su país: que decida la gente. 

Pero esto que es normal como parte consustancial del viejo y nunca bien ponderado principio de la soberanía popular, a la UE le pareció poco menos que un desafío a su estabilidad y existencia y amenazó al gobierno griego con adoptar graves sanciones si llevaba a cabo dicha consulta popular, es decir, si permitía que su pueblo decidiera. Así, un portavoz del gobierno alemán afirmó que “Grecia también tiene una responsabilidad” para con el resto de países de la Unión Europea (UE), que en los últimos meses se han mostrado a su vez “activamente solidarios y responsables” con Atenas… e indicó que por el momento no se ha decidido si Grecia va a recibir el próximo tramo del primer rescate, que en teoría debería transferirse en los próximos días, o si el referendo altera o deja en suspenso el calendario acordado ».[1] 

Como se ve las amenazas no eran menores[2] pues incluían detener el plan de salvataje monetario y transformar a Grecia en un paria dentro de Europa. Merkel y Sarkozy amenazaron a Grecia de sacarla del euro y bloquear el rescate financiero hasta la realización del referendo. 

Finalmente el gobierno griego anunció hoy que no realizará el referéndum y acatará el plan económico de la UE y FMI. Grecia se ha “salvado” a los ojos de sus pares europeos, pero no sabemos si se habrá salvado ante sus ciudadanos afectados.[3] 

Con todo esto vemos un ejemplo casi de manual de Historia: el principio de la soberanía popular y nacional en tensión con el poder económico y político de organizaciones supranacionales como la UE y el FMI. ¿Será acaso que la cuna de la democracia se transformará en la sepultura de uno de sus principios constitutivos: la soberanía? Una gran ironía de la historia, sin duda.

Peuma 


[1] En http://www.elmostrador.cl/noticias/mundo/2011/11/02/merkel-exige-claridad-a-papandreu-tras-el-anuncio-del-referendo/ [2]Ver  http://diario.latercera.com/2011/11/03/01/contenido/negocios/10-89144-9-alemania-y-francia-amenazan--a-grecia-de-sacarla-del-euro-y-bloquea-rescate.shtml 

 [3] Ver  http://www.elmostrador.cl/noticias/mundo/2011/06/29/crece-tension-en-grecia/ 

15 octobre 2011

Iván Illich en video

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Recientemente podemos encontrar en la página de Braulio Hornedo consagrada a Iván Illich un film (en aleman) donde podemos verlo junto a sus colaboradores en el mítico CIDOC de Cuernavaca. Agradecemos al Sr. Hornedo la posibilidad de contar con este documento, el cual -- a pesar de no estar traducido al castellano -- es un elemento histórico enriquecedor para los que se interesan en la vida y obra de Illich.

Film : Im Namen des Fortschritts. Kein respekt von heiligen Kühen. Iván Illichs Kritik an der industriegesellschaft.

 (En el nombre del progreso. Ningun respeto por las vacas sagradas. : la critica de Iván Illich a la sociedad industrial) 

http://www.ivanillich.org.mx/Principal.htm

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 Iván Illich murió el dos de diciembre de 2002 en la Universidad de Bremen en Alemania. Nos abandona la persona física, no el ejemplo de su vida ni las enseñanzas indelebles de su obra.

Era un hombre intensamente bueno con sus semejantes (en particular con la gente pobre y sencilla), pero implacablemente crítico de las instituciones y creencias que socaban la libertad y la convivencia pacífica de los hombres que luchan cotidianamente por su libertad y cultura. Era un rebelde, como lo son los niños en el juego creador de hacer del mundo poesía, volviéndolo más habitable, pero también era un sabio que supo ver en el espejo del pasado la decadencia del presente y visualizar alternativas para un futuro en tránsito a la convivencia pacífica entre las culturas, por los caminos de la libertad. Descanse en paz nuestro maestro y entrañable amigo.

Braulio Hornedo

15 octobre 2011

¿Dónde está Chile?

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Por Cristian Warnken 

Chile se encamina a pasos agigantados a una decadencia moral e intelectual de proporciones. No hay gobierno ni oposición a la altura de las circunstancias. Cada cual parece estar actuando por cálculos mezquinos, muy pocos son ya los que despiertan admiración, y nadie parece dar ni la vara ni el ancho. La pobreza de las ideas y la debilidad de las convicciones de nuestra clase dirigente, sumadas al deterioro de la ética en todos los niveles -cada vez más campean la pillería y la avidez sin límites-, pueden convertir a este país que costó tanto fundar en un peladero, en una tierra de nadie, una tierra baldía. 

Una república que tuvo a mandatarios, militares y ministros a la altura del general Bulnes, Manuel Montt y Antonio Varas, ejemplos de honestidad, sentido de la impersonalidad del poder y amor genuino por el país y compromiso con lo público, parece hoy tironeada por todos lados por rapiñeros, ambiciosos y vanidosos de poca monta. El sentido de lo « público » parece borrado del mapa. Asistimos al olvido de lo público en todos los niveles. Y el olvido de lo público es el olvido del ser más profundo de Chile. 

Lo público es mi barrio con sus plazas y espacios comunes aún no derrotados por la especulación inmobiliaria; las universidades no avasalladas por el pensar calculante; la televisión de todos no entregada a la farándula de las transnacionales. Pero en estos días resuenan los versos del poeta irlandés W. B. Yeats: « Los mejores carecen de toda convicción,/ mientras que los peores están llenos de apasionada intensidad ». 

¿En qué momento se rompió la posta con lo mejor de nuestra propia historia? Pareciera que todos, o casi todos, fueron de a poco traicionando una parte de su propia alma para entrar en una vertiginosa carrera por el poder, del poder por el poder. Como si muchos se hubieran dedicado a aprender de memoria a Maquiavelo en estas décadas y hubieran olvidado a Virgilio, a Solón, esos autores que un Andrés Bello, un Amunátegui, un Barros Arana tradujeron y usaron como fermento e inspiración, cuando en Chile había un humanismo fundante, cuando se consultaban como oráculos los versos de Horacio o Cicerón y no los focus-group o las encuestas, cuando gobernaban los estadistas y no los opinólogos. 

Todos dicen que la crisis mundial nos va a « pillar bien parados ». No lo sé. Un país donde los nuevos becerros de oro parecen ser la pura gestión y el management, pero sin contenidos ni visión, ya no es un país. Será una gran empresa, pero no un país. ¿Acaso el precio del cobre por las nubes nos hizo a la larga mal, como sucedió alguna vez con el salitre? No hay peor mezcla que la de riqueza conseguida con la especulación y no con el trabajo o el emprendimiento, unida a la ignorancia y a la pobreza interior. 

¿Qué imagen resume el Chile del siglo XIX? La Universidad de Chile y la Biblioteca Nacional. ¿Qué resume al Chile de estos últimos años? La Polar y la educación entendida como un bien de consumo. ¿Y para eso murieron nuestros héroes? ¿Para eso inventaron mundos nuevos nuestros poetas? ¿Para eso se vinieron a Chile un Domeyko o un Bello, ilustres extranjeros? ¿Por ese Chile sufrió una desgarrada nostalgia en el siglo XVII el exiliado y lúcido Lacunza? Dijo alguna vez Kipling: « Abandonamos la esperanza y el honor,/ estamos perdidos para el amor y la verdad./ Caemos peldaño a peldaño,/ y la medida de nuestro tormento es la de nuestra juventud./ Ayúdanos, Señor, porque conocimos lo peor demasiado jóvenes ». 

Pero, a pesar de todo, sigo creyendo que Chile es un país extraordinario donde vivir y morir, un país que tiene una luz propia, un país soñado. Un país misterioso y delicado, que hay que cuidar como tesoro y no repartir como botín. Tal vez nos salve nuestra lejanía, esa que nos obligó alguna vez a ser fieles a nuestra propia alma y encontrar nuestras propias medidas, nuestros sagrados límites que nos protegieron de todo fanatismo y desmesura. 

Octubre del 2011

10 août 2011

Que vivan los estudiantes!!!

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Como decía Violeta Parra, en Peuma nos gustan los estudiantes « porque son la levadura… » y han sido capaces de llevar adelante un movimiento nacional amplio y pacífico -pues no son los convocantes quienes causan destrozos y violencia- que no solo ha logrado mantenerse y legitimarse ya por meses, sino que han logrado lo que nadie en más de 20 años: volver a sacar a la calle las demandas ciudadanas y exigir lo que es un derecho para todos.

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Que vivan los estudiantes,
jardín de las alegrías.
Son aves que no se asustan
de animal ni policía,
y no le asustan las balas
ni el ladrar de la jauría.
Caramba y zamba la cosa,
que viva la astronomía.

Que vivan los estudiantes
que rugen como los vientos
cuando les meten al oído
sotanas o regimientos,
pajarillos libertarios
igual que los elementos.
Caramba y zamba la cosa,
que vivan los experimentos.

Me gustan los estudiantes
porque son la levadura
del pan que saldrá del horno
con toda su sabrosura
para la boca del pobre
que come con amargura.
Caramba y zamba la cosa,
viva la literatura.

Me gustan los estudiantes
porque levantan el pecho
cuando les dicen harina
sabiéndose que es afrecho,
y no hacen el sordomudo
cuando se presenta el hecho.
Caramba y zamba la cosa,
el Código del Derecho.

Me gustan los estudiantes
que marchan sobre las ruinas;
con las banderas en alto
va toda la estudiantina.
Son químicos y doctores,
cirujanos y dentistas.
Caramba y zamba la cosa,
vivan los especialistas.

Me gustan los estudiantes
que van al laboratorio.
Descubren lo que se esconde
adentro del confesorio.
Ya tiene el hombre un carrito
que llegó hasta el purgatorio.
Caramba y zamba la cosa,
los libros explicatorios.

Me gustan los estudiantes
que con muy clara elocuencia
a la bolsa negra sacra
le bajó las indulgencias.
Porque, ¿hasta cuándo nos dura,
señores, la penitencia?
Caramba y zamba la cosa,
que viva toda la ciencia.

(Violeta Parra)

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4 mai 2011

Diccionario Pedagógico Cítrico 2ª Edición aumentada

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Con una segunda edición ampliada y revisada, les presentamos el Diccionario Pedagógico Cítrico, de consulta imprescindible para cualquier profesor/a, o ingeniero, médico, sicólogo, sociólogo, geógrafo o físico teórico que esté haciendo clases en alguna de nuestras escuelas a lo largo de esta larga y angosta faja, que como dijo Violeta, limita al centro con la injusticia…

Para muestra, algunos botones. El diccionario completo se encuentra como archivo adjunto al final.  Agradecemos al compañero Domingo por su tremendo aporte, y obviamente al insigne autor del diccionario, misie Anrí Gurú.

Acreditación: La acreditación se relaciona con la tendencia actual de certificar los conocimientos, capacidades y mecanismos de autorregulación que presentan las personas y las instituciones. En algunos países subdesarrollados la acreditación corresponde a la práctica política dominante de simular autonomía de las universidades y programas de formación, pero de no respetarla de todos modos. Opera socio-culturalmente al interior de una comunidad en términos de “hablar bien” unos de otros, de evaluar a otro, previo pago de un monto de dinero o de intercambio de bienes, con vistas a jerarquizar y homogeneizar a los grupos e instituciones.

Beca: En sentido genérico, se denomina beca a cualquier beneficio o ayuda que aporta alguien a otro. En sentido tradicional y primitivo, es un servicio material o inmaterial que entrega una institución o el Estado, desde la lógica de la solidaridad,  a quienes no tienen recursos para satisfacer sus necesidades alimenticias, educativas o de salud, entre otras. Desde los años noventa, en Chile, la palabra beca remite a la plata que le presta un banco al estudiante universitario, avalado por el Estado,  para que estudie y se titule y, de paso, se endeude de por vida.

Currículum flexible: En teoría curricular se refiere a la modalidad de curriculum escolar que permite máxima movilidad y la elección de distintos caminos en su interior. Entre los nuevos asesores del Ministerio de Educación, se refiere a la factibilidad de ablandar los requisitos de entrada a dichos puestos laborales y, en sentido estricto, a la prescindencia o no obligatoriedad de estudios formales en pedagogía. 

Didáctica: Del griego didactike, enseñar.  En sentido hermenéutico-crítico y nostálgico, se refiere al esfuerzo metacognitivo, emancipador y profesional que hace un pedagogo por desarrollar procesos eficientes de enseñanza y aprendizaje desde una mirada democratizadora del mundo. Desde un punto de vista de la actual política pública en educación lo didáctico se refiere a explicar en fácil algo complejo, usando medios audiovisuales de última generación, constituyendo una práctica educativa que sólo podría hacer un ingeniero, un bioquímico o un abogado, que le guste hacer clases por hobby o por solidaridad con los pobres. 

INICIA: Sistema de medición de la calidad de la formación de profesores, basado en los siguientes supuestos educativos: 

1)       El Estado chileno no es responsable de definir una política pública consensuada sobre lo que significa ser pedagogo, tampoco de financiar esta tarea, pero si de evaluar lo que hacen las Facultades de Educación (Universidades). 

 2)      Las universidades chilenas no son responsables de formar un buen pedagogo, sino de tener alta matrícula y de acreditar sus carreras. 

3)      Los profesores no requieren ser buenos pedagogos, sino saber matemática, lenguaje y rudimentos de didáctica para “pasar materia” adecuadamente. 

4)      La medición realizada debe permitir que los nuevos profesores se inquieten, que las universidades se tensionen y que los periodistas tengan titulares alarmantes de prensa. 

5)      El instrumento empleado debe ser psicométricamente adecuado para permitir preparación, ensayos y rendimiento creciente en los futuros profesores (una suerte de “preuniversitario docente”). 

 Metaevaluación: Actitud formativa y, en ocasiones, altamente reiterativa, asociada a la búsqueda intencionada de excelencia académica de elite, de evaluar todo en el proceso educativo, de modo permanente y por motivos múltiples. Corresponde, en consecuencia, a una sobredosis de evaluación… evaluación aquí, allá, acullá. (Méta)le y (méta)le evaluación, hasta la saciedad.

Refuerzo Vicario: En lenguaje neoconductista, basado en la concepción del aprendizaje bajo la lógica del estímulo y la respuesta, se denomina refuerzo vicario al modelamiento conductual que ejercen los docentes en aquellos proyectos educativos confesionales. Se reconocen dos tipos: a) refuerzo vicario pastoral y b) refuerzo vicario de la solidaridad. Este último tipo inexistente desde la llegada de la democracia, a partir del pensamiento inmortal del pedagogo P. Aylwin: “aprendizaje en la medida de lo posible”.    

dicicionariopedaggicocitrico2011segundaedicin.pdf

30 janvier 2011

Comprar, tirar, comprar…o la ética del capitalismo

Publié par peuma dans Educación y desigualdad

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El documental de Cosima Dannoritzer « Comprar, tirar, comprar » nos adentra en la más pura lógica del capitalismo pasado y actual, que merced a su trilogía: publicidad, diseño y crédito, nos conduce por un sendero que pocas veces somos concientes de estar transitando sin rumbo aparente, pero que nos lleva cada vez más a la dependencia, al consumismo desenfrenado, al endeudamiento y a la destrucción de los recursos naturales. Además de reservar el festín a los países ricos, y a los ricos de los países pobres, dejando para las mayorías solo deshechos, carcasas y cables inservibles (excepto para venderlos por kilos como metal).

Un documental importante y necesario de ver con nuestros estudiantes, por ejemplo, cuando hablamos de la Revolución Industrial y sus consecuencias para el mundo actual, o cuando debemos explicar la economía y el consumo responsable.

Absolutamente recomendado y actual.

 

Peuma

 

links: http://www.rtve.es/mediateca/videos/20110109/comprar-tirar-comprar/983391.shtml

http://www.youtube.com/watch?v=QosF0b0i2f0

31 décembre 2010

Aspectos oscuros en la definición de los conceptos económicos

Publié par peuma dans Pensadores

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Por Pedro Quiñones Vesperinas*

« Cualquier preocupación sobre la honestidad o la justicia es
 inconciliable con una ciencia (la Economía) en la que estos
 conceptos no tienen un significado establecido ». 

George Stigler, en su discurso de aceptación del Premio Nobel.

 Periódicamente me ha sucedido que, habiendo hecho el propósito de realizar un trabajo de investigación sobre determinado tema, y, posteriormente, haber sido arrastrado por la dinámica vertiginosa que suele asumir la vida actual de cualquier profesional en activo, haberme tropezado -- al cabo de los años -- con una obra que desarrolla precisamente ese tema específico, y, lo que es más curioso, desde el ángulo y con los criterios con los que yo me había planteado abordarlo. Dado que el afán de protagonismo no es uno de mis defectos más acusados, cuando me he encontrado en este tipo de tesitura, aunque he sentido no haber dispuesto del tiempo y las circunstancias favorables para haber podido ser yo el autor del trabajo, he sabido reconocer la oportunidad del mismo y también su calidad, porque, afortunadamente, suele suceder que esas obras están muy bien realizadas.  Una de estas curiosas coincidencias es la que se me ha planteado con el magnífico libro de Kenneth Lux, « Adam Smith’s Mistake« .

Kenneth Lux es economista, especializado en Teoría Económica, y psicólogo clínico y psicoterapeuta, con consulta en Auburn, Maine. Otra de sus obras, en colaboración con Mark A. Lutz, es « Humanistic Economics. The New Challenge« . Kenneth Lux comenzó su formación estudiando Psicología, (tras un intento muy breve en Ingeniería) y obteniendo un doctorado en esa especialidad. Después, y tras varios años de práctica que incluyeron el trabajo con familias de ingresos mínimos en el estado de Maine, como empleado de una agencia gubernamental de asistencia social. Esa actividad le sensibilizó hacia el tema de la pobreza y de la inadecuación de los criterios de reparto de recursos en nuestro actual sistema económico.  Lo cual le quedaba muy patente cuando comparaba sus experiencias con las familias pobres, y las que tenía en su consulta, con miembros de los niveles más favorecidos de la sociedad. Las necesidades de los pobres pasan por el abastecimiento de los recursos más primarios, todo lo cual, al menos durante varias décadas, (en los períodos entre crisis económicas) se daba ya como por supuesto a las clases más acomodadas. La problemática con la que Lux se tropezaba, como psicólogo de asistencia social, era que los pobres no deseaban hablar de sus complejos y de sus neurosis, sino de la forma en que podían conseguir alimentarse y obtener un lugar para protegerse adecuadamente de la intemperie. 

En esta época, 1974, Lux comenzó a interesarse por los temas económicos: dinero, empleo, riqueza, pobreza, etc., todo lo cual había resultado para él simplemente anecdótico. Por entonces conoció a Mark Lutz, quien, al margen de la similitud de apellidos, resultó ser un hombre interesante, profesor de Teoría Económica en la Universidad de Maine. Ambos hombres hicieron amistad, con un curioso efecto: Lutz se interesó gradualmente más en la Psicología, y Lux en la Economía. De tal forma que cada uno pudo ejercer de tutor del otro para obtener doctorados en las áreas de sus especialidades respectivas. Obtenido su objetivo, después de cinco años, escribieron en conjunto la obra « Humanistic Economics. The New Challenge« . Ambos están trabajando en conjunto para desarrollar una nueva área profesional a la que designan como Psicología Económica. 

He creído que explicar estos detalles acerca del autor de la obra de referencia resultaría ilustrativo de varios aspectos: primero, la forma en que la aparente casualidad va tejiendo, en la vida de los hombres, los hilos de una compleja trama cargada de un profundo significado finalistico. Segundo, cómo las diferentes disciplinas pueden y deben interactuar para suministrar una perspectiva global de un tema.  Personalmente, cuando realizaba mis estudios de Economía dentro de la carrera de Ciencias Empresariales, debía poseer -- aunque solo fuera en germen -- la sensibilidad que Lux hubo de desarrollar en la práctica de su profesión, porque, aunque solo fuese de una forma incipiente y no suficientemente definida, enseguida percibí que existía algo equivocado en los planteamientos de los primeros teóricos de la ciencia en cuestión: Adam Smith, David Ricardo, Malthus… Esa sensación se fue consolidando en una convicción, tal vez básicamente intuitiva, con el paso de los años y la adquisición de experiencia.

Simplemente observando el devenir y funcionamiento del mundo occidental, donde se desarrolla el capitalismo sin trabas, y donde, cada vez más crudamente, nos tropezamos con el espectro de la miseria y la muerte, superponiéndose en tiempo y espacio con la riqueza más ostentosa y las conductas hedonistas más pueriles, sin que ambos extremos del espectro parezcan entrar ni en contradicción ni exista entre ellos el más mínimo intercambio. El o la ejecutivo suben a su flamante automóvil de prestaciones deportivas, con el que tienen la sensación indispensable de vivir peligrosamente mientras acuden a su próxima cita de negocios, y procuran sortear en la acera los charcos de detritus en los que yacen los cuerpos (no se sabe bien si vivos todavía) de seres humanos que, tal vez, disfrutaron hace pocos años de un destino brillante y prometedor como parece ser el suyo, por el momento… Es una escena típicamente Neoyorquina, pero cada vez más semejante a las que se plantean en todas las grandes ciudades de cualquier país de los que se califican como « económicamente desarrollados ». 
 

Hechos de esta índole, para quienes son capaces de percibirlos de forma consciente, (ya que cada vez es mayor el número de personas que no ‘registran’ sensorialmente esta clase de incidencias), son los que despiertan una alarma interna y nos hacen sospechar que existe un profundo sinsentido en los planteamientos teóricos de un sistema en donde tales cosas suceden y, lo que es más grave, se consideran perfectamente normales. Recientemente, el anterior primer ministro Británico, Majors, en la más pura tradición Malthusiana, hizo unas declaraciones netamente economicistas, en las que calificaba a los pobres de delincuentes y revolucionarios, ya que, según su opinión, quien en un sistema social como el inglés, tan lleno de posibilidades, se empeña en ser pobre, está claro que lo hace de forma deliberada, como una agresión a su entorno y a sus conciudadanos. Estos argumentos, que a primera vista se nos antojan o un mal chiste o una muestra del peor cinismo, no obstante son perfectamente lógicos dentro de los esquemas de la Teoría Económica tal como esta denominada ciencia fue estructurada por sus fundadores.

Evidentemente, sería conveniente realizar un estudio histórico y psicológico de tales personalidades y de su entorno social, ya que sus propuestas, que muchas veces nos parecen irracionales (y casi siempre netamente inmorales) fueron acogidas con gran entusiasmo por sus coetáneos, y pocas veces han sido discutidas por la posteridad. Para cualquier persona dotada de un mínimo de sentido común y de salud psíquica, que lea el fragmento de Malthus que se reproduce en la nota a pie de página, la sensación de repugnancia anímica y de rechazo resulta automática. Por lo tanto, constituye todo un misterio digno de ser descifrado el hecho de que a una personalidad moral y humanamente tan deleznable, en lugar de encarcelarla o desterrarla de su país, se le haya instituido como científico e inspirador de científicos, hasta el punto de que continúa siendo el patrón de todo planteamiento demográfico en la actualidad.

El único político que se prestó animosamente a llevar al pie de la letra, y hasta las últimas consecuencias, los planteamientos de Malthus, fue Adolf Hitler. Sin embargo, los otros políticos, aunque no compartan la ideología del Nazismo, consideran -- al menos por pasiva -- los planteamientos de Malthus como razonables. Planteamientos que recomiendan, muy explícitamente, el exterminio deliberado de grandes masas de población humana. Si el ocasionar, consciente y voluntariamente, la muerte de una persona, se considera un asesinato y se pena con el castigo mayor que puede encontrarse en los códigos penales vigentes, resulta un tanto complejo comprender cuál es el criterio según el cual la misma sociedad valora como científica, inteligente y acertada la propuesta de asesinar a millones de personas. 

Desde nuestro punto de vista, entendemos bastante bien que Hitler fuese un Malthusiano convencido, pero no entendemos en absoluto cómo puede serlo ninguna persona normal. Por lo tanto, ciertamente nos hallamos ante un enigma de difícil resolución.

 Este enigma, precisamente, es el que me motivó para desear llevar a cabo la investigación aludida acerca de los orígenes de la Teoría Económica. Circunstancialmente, y mientras mantenía esa inquietud de forma siempre residual, latente en la semiconciencia, me encontré con una traducción al castellano de la magna obra de Fritjof Capra, « El Punto Crucial« . Allí, en el capítulo dedicado a la revisión de la situación económica mundial, se hacía referencia a los postulados establecidos por Adam Smith, y a la existencia de un error consustancial de planteamiento en los mismos. No habían transcurrido más de dos o tres años, cuando tuve la fortuna de tropezarme en un catálogo norteamericano con la aludida obra de Lux, donde se trata esta cuestión con considerable detalle. 

La obra espúrea de Adam Smith 

Adam Smith, el autor que, merecidamente, se viene a reconocer a como « padre » o « fundador » de la Teoría Económica, nació en 1723 en Kirkcaldy, Escocia, una pequeña localidad con no más de 1.500 habitantes, pero que, no obstante, mantenía una actividad mercantil importante por mar, especialmente en barcos que navegaban por el Báltico, y poseía dos fábricas de clavos (industria muy importante en una época en que el material básico de construcción era la madera). Su padre, oficial de aduanas, había fallecido unos meses antes de su nacimiento; tal vez para compensar, su madre vivió casi tanto como él mismo, y él vivió siempre con ella, soltero y, por lo que se sabe, siguiendo un comportamiento casi monacal. A los catorce años inició sus estudios en el Glasgow College, y a los diez y siete entró en Oxford para sus estudios universitarios, donde se encontró con un ambiente que hirió a su sensibilidad moral (por lo que se ve bastante aguda) por su frivolidad, consumo excesivo de bebidas alcohólicas y ausencia de rigor académico.

 Ya en el Glasgow College había sido influido por la enseñanza de uno de sus profesores, el eminente filósofo Francis Hutcheson. También había hecho amistad con David Hume, figura destacada del Iluminismo Escocés, hasta el punto de que se comenta la anécdota de que durante su estancia en Oxford, Smith fue reconvenido por leer la obra de Hume, « Tratado sobre la Naturaleza Humana« , que era considerado como inconvenientemente heterodoxo. Asimismo, y durante sus años de estudio en Glasgow, Smith había escrito un ensayo apologético de la entonces reciente y renovadora obra de Newton. Estas eran las influencias ideológicas que estaban presentes en su vida. Después de graduarse en Oxford, actuó como conferenciante en Edimburgo durante unos cuantos años y, a los veintinueve años, fue nombrado profesor en la cátedra de Filosofía Moral de la Universidad de Glasgow, lugar que previamente había ocupado su antiguo maestro, Hutcheson. En aquella época, la Filosofía Moral era una disciplina académica que reunía o amalgamaba temáticas que hoy se nos antojan muy distintas entre sí, como Teología Natural, la Ética, la Jurisprudencia y la Política Económica. En cualquier caso, y para no extendernos más allá de lo conveniente, diremos que, al menos por una vez en su vida, al escribir la obra que le ha dado fama cara a la posteridad, « Ensayo sobre la naturaleza y la causa de la riqueza de las naciones« , Smith hizo gala de un defecto relativamente frecuente en los autores de religión protestante: el tomar lo blanco por negro y lo negro por blanco.

 Este defecto, que ya en la Iglesia Católica ha estado históricamente presente en cuanto a la práctica se refiere, en el caso de las religiones protestante y anglicana se hace extensivo ya al ámbito teórico, donde los antiguos ideales de moderación, humildad y modestia, en imitación a la vida y figura de Cristo, se invierten por los contrarios: exuberancia y exhibición, acumulación de posesiones materiales, fama social y riqueza económica como sinónimos de estar en « gracia de Dios ». Estos conceptos, que para los de tradición Católica se nos antojan tan irreconciliables como el día y la noche, culturalmente son aceptados sin pestañear en el ámbito germánico-anglosajón. Bien, aunque justificar ideológica y filosóficamente lo que a primera vista parece un sinsentido exigiría todo un ensayo destinado únicamente a ese punto, aquí simplemente dejamos constancia del hecho, porque si no contamos con él, resultaría absolutamente imposible comprender los planteamientos de los primeros teóricos de la Economía, muchos de ellos hombres de formación religiosa, y, al menos, de reputación moral intachable, incluso a veces excesivamente rigurosa, y que, al mismo tiempo, enunciaban planteamientos sociales manifiestamente inmorales para cualquier mentalidad de formación cristiana.

En la obra de referencia, Smith expuso, en forma textual, como Lux se encarga de demostrar, enunciados en los que se proponen valoraciones y actitudes que son exactamente las contrarias de las que siempre había defendido a lo largo de su vida, y sobre las que publicó varias obras, algunas antes y otras después, ninguna de las cuales ha sido recogida por la fama.  Lux postula que, al menos en parte, este « desliz » de Smith podría deberse a la nefasta influencia que sobre él tuvo Bernard de Mandeville, un maestro en el arte de llamar blanco a lo negro y negro a lo blanco, es decir, bien al mal y mal al bien, ese pecado que según Isaías sería más castigado que ningún otro. Lo que la posteridad ha heredado de Mandeville, puede resumirse en su frase más famosa: « el vicio privado se convierte en el beneficio público »…, tal parecería que los políticos y cargos públicos del momento actual pretendiesen llevar a la expresión más sofisticada posible la máxima de Mandeville. 

No obstante, mientras las motivaciones de los dirigentes de la sociedad de hoy día, podemos imaginárnoslas con cierta facilidad, nos cuesta más hacer lo mismo en el caso de Smith. Especialmente si tenemos en cuenta el hecho de que ya, poco antes de su muerte, tomó la decisión de reescribir su primera obra « Teoría de los Sentimientos Morales« , publicada por primera vez en 1759, pero no para hacerla concordar con las ideas desarrolladas en su segunda obra « La Riqueza… », sino para todo lo contrario. Adam Smith reescribió un tercio de su primera obra y le añadió una 6a parte, que previamente no existía, todo ello con la finalidad de enfatizar, más aún que en la primera edición, su aviso en contra de la búsqueda de la riqueza y los peligros del egoísmo. Esta segunda edición apareció en 1790, el mismo año de su muerte. Todavía más incongruente nos podría resultar el hecho de que, tanto en la primera edición, como en la segunda, Smith denuncia a Bernard de Mandeville como « el representante más destacado de las doctrinas moralmente corruptas« . 

Ahora bien, está más que sobradamente demostrada la influencia ideológica de Mandeville en la obra « La Riqueza… », ya que son los criterios de Mandeville y de su contemporáneo La Rochefoucauld, los que se deslizan por sus páginas, nunca los del propio Smith… En nuestra opinión, alguna coerción externa a Adam Smith, no podemos precisar si consciente o inconsciente, si inmaterial o física, si sofisticada o mundana, le presionó para hacer algo absolutamente en contra de sus convicciones. Una presión tan efectiva que nunca se atrevió, refrenado por algún temor insuperable, ni siquiera a tocar en lo más mínimo ese libro anacrónico e inconsecuente dentro del contexto de su trabajo, e ideología.

Únicamente pudo atacarlo de forma indirecta, reforzando los criterios opuestos contenidos en otras de sus obras, que, estas sí, reflejaban lo que pensaba y creía realmente. Está claro, en todo caso, que la instancia que obligó a Adam Smith a escribir un libro en el que defendía las ideas y posturas contrarias a las suyas, tenía en sus manos el hilo de la historia, porque la « falsificación », si así la podemos llamar, llegó al punto de que todo el mundo identifica a Smith con una obra que siempre ha debido de odiar y lamentar amargamente durante su vida. 

David Ricardo, definidor del valor económico 

Otro autor que, junto con Smith, ha establecido las bases de la actual Ciencia Económica ha sido David Ricardo. David Ricardo era un agente de bolsa, que, en contra de lo que suele propugnar como correcto comportamiento profesional, supo aprovechar su trabajo para enriquecerse personalmente, y a los treinta y cinco años ya era multimillonario.  Atraído por la referida y siniestra obra de Adam Smitn, supo reelaborar su contenido, despojándolo del ropaje teórico, para dejarla convertida en una especie de modelo input-output, según el cual podían predecirse e interpretarse todo tipo de fenómenos económicos.  El ‘leit motiv’ de la obra de Ricardo es el concepto de escasez de recursos, en la tradición de Malthus.

La extensión del suelo cultivable es limitado, el número de habitantes del planeta es teóricamente ilimitado, reconciliar ambas magnitudes les parecía tarea irrealizable, tanto a Malthus como a Ricardo, fundamentándose en el supuesto de que, llegados más allá de cierto nivel de población, no existiría terreno apto para cultivar los alimentos que precisaría para su sustento. Por supuesto, ninguno de ellos hizo énfasis en el hecho de que, ya en su propio tiempo, la propiedad de la tierra no era de uso público, sino que se hallaba en manos de unos pocos afortunados miembros de los estratos más altos de la sociedad, que -- ayer al igual que hoy -- muchas veces las mantienen totalmente inactivas y estériles, por el simple placer de saber que son suyas y que nadie más que ellos puede tener acceso ni disfrutar de su posesión. 

La práctica totalidad de los primeros teóricos de la ciencia económica eran personas muy bien aposentadas, que establecían un sistema en el que sus privilegios y los de sus allegados pretendían quedar garantizados para la posteridad, es decir, una sociedad clasista, con estratos claramente diferenciados e impermeables. La pobreza era considerada por todos ellos como una amenaza implícita, y Malthus únicamente tuvo el valor de poner en palabras lo que sus colegas contemporáneos pensaban: los pobres lo eran simplemente porque eran inferiores y Dios les castigaba con un destino a la medida de sus pecados. Para aquellos que preferían hacer profesión de ateísmo, la explicación de que las ciegas leyes de la naturaleza favorecen a los más fuertes y mejor dotados, resultaba un argumento plenamente satisfactorio. Lo que ha hecho famoso a David Ricardo dentro de la economía es su Concepto de « Valor« . Ricardo lo define en función de la escasez: Es valioso lo que es escaso. Aquí ya aparece el error consustancial en la génesis de la Teoría Económica como ciencia -- error ya señalado por Lux -- la ausencia de los conceptos de necesidad y utilidad, como veremos remarcado en los siguientes textos: 

« En Economía, « necesidad » es una palabra inexistente. La Economía puede decir muchas cosas interesantes acerca de los deseos, las preferencias y demandas. Pero la « necesidad », presumiblemente es un Imperativo moral, psicológico o físico, que no admite compromiso, ajuste o análisis. Si nosotros « necesitamos » algo, debemos tenerlo. No existe literalmente alternativa ni sustitución o abstinencia posibles. Pero la afirmación de una « necesidad » absoluta en lo económico -- a diferencia de lo que sucede con el deseo, la preferencia y la demanda -- es un sinsentido ». William R.Allen.”Midnight Economist: Broadcast Essays III. » Los Angeles. International Institute forEconomic Research. 1982. Pg.23. 

Y así aprendemos que la Economía habla acerca de « apetencias » (o demanda) en lugar de necesidades. Un aspecto importante para el economista acerca de las apetencias es que son en último término infinitas y, por tanto, imposibles de satisfacer. De nuevo, de un libro de texto de Economía, extraemos una definición explicativa bajo el encabezado « Apetencias Ilimitadas »: 

« Como grupo, las apetencias materiales son, a fines prácticos, insaciables o ilimitadas. Esto significa que las apetencias materiales de bienes y servicios son incapaces de ser completamente satisfechas (…) Finalmente, debemos añadir enfáticamente que el fin global de toda actividad económica es el Intento de satisfacer estas diversas apetencias materiales ». 

 ¿Puede el lector descubrir algo extraño acerca de esta conclusión? Parece que la Economía se ha construido a sí misma para intentar realizar lo imposible: satisfacer lo que no puede ser satisfecho. Las apetencias, como una categoría, son insaciables, y sin embargo el objetivo de la actividad económica es intentar saciar las apetencias. Desde aquí podemos comenzar a ver que la economía, incluso al nivel de su teoría, puede tener algo que ver con la razón por la cual estamos destruyendo nuestro entorno natural.  

 » (…) A lo largo de todo el proceso de escribir mi primer libro « Humanistic Economics », estuve pensando que el rechazo en Economía de las necesidades en favor de las apetencias nos lleva tan cerca como podemos llegar a la esencia del problema. Pero todavía permanece la pregunta de por qué ha tenido lugar este rechazo de las necesidades ».  Kenneth Lux. »Adam Smith’s Mistake. How a Moral Philosopher Invented Economics And Ended Morality ». Shamballa. Boston & London. 1990. Pg.9. 

La cuestión radica en que necesidad y utilidad son conceptos objetivos, basados en cualidades específicas, perfectamente comprobables y demostrables, y que no varían con excesiva rapidez con el paso del tiempo, con lo cual, exigen, por su propia naturaleza, un contexto ideológico dotado de referencias estables y de categorías graduales. Por el contrario, los conceptos aceptados en Teoría Económica de utilidad marginal y de apetencia, entendidos como parámetros, son subjetivos y relativos, y pueden variar continuamente, de la forma más arbitraria. Las apetencias se consideran ilimitadas y no susceptibles de graduación. Por lo tanto, desde el punto de vista de la Teoría Económica, la población no tiene necesidades, sino caprichosas apetencias, tales como la de querer comer todos los días, a ser posible más de una vez, y querer dormir bajo techo, etc. Está claro que una población regida por « apetencias« , no precisa asistencia social. El valor debería definirse en función de la utilidad y ésta, a su vez, en base a las necesidades humanas comunes, comenzando por las más básicas (las que atañen a la supervivencia física, luego a la psicológica, después a la espiritual, etc.). Por otra parte, la escasez no es determinada por la naturaleza, sino por la explotación, expoliación y acaparamiento y apropiación indebidos que, desde el principio de los tiempos, unos pocos hombres -- no precisamente mejores que los demás, sino más ambiciosos, más avariciosos y más crueles -- han ejercido sobre el resto, como instrumento y, a la vez, resultado del poder, dominio, control y sojuzgamiento.

De esta forma, como la humanidad dependía de ellos hasta para satisfacer sus necesidades más primarias, se vería forzada a hacer cuanto ellos quisiesen. Inicialmente, este sojuzgamiento, en el mejor de los casos superficialmente atemperado por convenciones religiosas, revestía una apariencia paternalista.  La ausencia del concepto de necesidad en la Teoría Económica, responde a la negación de la consideración del ente humano como tal. No solo posibilita el prescindir de la responsabilidad de mantener al hombre vivo, sano y correctamente estimulado, sino que también desvincula el funcionamiento global del sistema de las reales necesidades del conjunto de la humanidad, y permite la concentración de la actividad de un país en la fabricación de bienes que tienen poco o nada que ver con lo que un ser humano precisa para realizarse como tal. La debilidad y la ausencia de lógica consustancial del sistema capitalista se refleja en sus crisis periódicas, cada vez más frecuentes, siempre debidas a las mismas causas, enraizadas en la propia deficiencia en la lógica del sistema teórico sobre el que se estructura la Economía. Y resulta especialmente paradójico que la única salida efectiva que ha encontrado para esas crisis -- inherentes y periódicas -- es la guerra, mediante la cual se generan inmensas fortunas y se restablece la economía desgastada, todo ello al precio, no totalmente despreciable, de la destrucción generalizada y el sufrimiento de miles o millones de seres humanos. 

Malthus o la alabanza del genocidio 

Habiendo visto en el epígrafe anterior algunos de los aspectos realmente preocupantes que ha revestido el desarrollo y la aplicación práctica de los principios inicialmente teóricos de la ciencia económica, y la forma sumamente discutible en la que muchos de esos conceptos han sido concebidos y estructurados, vamos ahora a hacer un breve examen de la figura de Thomas Malthus. Ya hemos expuesto anteriormente nuestro criterio, según el cual la Teoría de las ciencias Política y Económica, ha nacido de autores que, de forma bastante explícita, han aconsejado abandonar la moralidad y entregarse a los instintos y las pasiones del inconsciente.

Autores tales como Maquiavelo, el ya aludido Bernard de Mandeville. , y, en la parte que le corresponde, el propio Adam Smith. Sin embargo, el caso de Malthus resulta particularmente grave, porque, hasta que él lo hizo, nadie previamente había sido capaz de proponer el exterminio de una parte importante si no la más considerable numéricamente de la humanidad, como un procedimiento perfectamente lógico y legítimo.  Y, lo que es aún más grave y difícil de comprender, ser escuchado, aceptado y propuesto como uno de los hombres de ciencia claves en la historia del pensamiento occidental. Thomas Robert Malthus era hijo de Daniel Malthus, un caballero terrateniente muy atraído por las ideas de la Ilustración, en particular por las referentes a la perfectibilidad del ser humano, tal como eran expuestas por su amigo William Godwin. David Hume y Jean-Jacques Rousseau fueron invitados en la casa de Malthus, en su infancia. Su padre, a modo de pasatiempo, solía establecer disputas retóricas con Thomas, que debía actuar como su contrincante dialéctico. No es de extrañar que, dentro de tal contexto, desarrollase eficaces habilidades de expresión y convencimiento.  Estudió en Cambridge, y, posteriormente, se ordenó como sacerdote, aunque su carrera sacerdotal fue breve. Después de haberse reintegrado al mundo secular, a la edad de treinta y ocho años se casó con su prima , de cuyo matrimonio tuvo tres hijos. Sin embargo, había sido a los 32 años, en el 1798, cuando Malthus había publicado su obra clave: « Un Ensayo sobre el Principio de Población« , haciéndolo de forma anónima. Cinco años después, publicó una segunda versión, notablemente ampliada, y esta vez con su nombre. Los comentaristas estiman que su fuerte matiz pesimista era una respuesta a los acontecimientos de la Revolución Francesa, gestada a partir del caldo de cultivo de las ideas del Iluminismo y la Ilustración, que tan queridas habían sido de su padre. Y, más en particular, las propias de la perfectibilidad humana de las que su padre había sido un abanderado. 

En plena contraposición, la concepción que el propio Malthus tiene del ser humano difícilmente podría ser más penosa, concibiéndole como un ser conducido por sus instintos, apenas frenado por la razón y por las leyes externas, y cuyo móvil dinamizador es el egoísmo. No resulta extraño, pues, que Darwin se inspirase en él para la elaboración de sus doctrinas, que respondían perfectamente a tal clase de orientación. Para Malthus, la pobreza era la consecuencia de la indulgencia en el vicio. Consiguientemente, los pertenecientes a las clases más acomodadas, desde su perspectiva, debían ser las personas más virtuosas que pudiera concebirse. El razonamiento de Malthus -- que universalmente se ha venido considerando genial -consiste en que la problemática de nuestro mundo se cifra en un desequilibrio entre el número de sus habitantes y los recursos disponibles. Así, según Malthus, en tanto que los seres humanos pueden ser cada vez más numerosos, según las leyes de una proporción geométrica, los recursos materiales únicamente pueden crecer en forma de proporción aritmética, cosa que, forzosamente, ha de conducir a un desequilibrio irresoluble. 

Este planteamiento tiene varios puntos débiles, y, por supuesto, Malthus no contaba con el desarrollo de nuevas tecnologías que posibilitasen la producción de energía más eficaz y más barata que la combustión del carbón, ni la posible síntesis de alimentos por medios artificiales, ni la ingeniería genética, etc. Nadie podría exigirle que predijese el futuro, pero sí un mínimo de decencia antes de proponer soluciones al problema de la índole de las que se le ocurrieron. El leit motiv que inspiró toda la vida de Malthus fue la lucha encarnizada contra las leyes de beneficencia que pretendían prestar cierto tipo de atenciones humanitarias a los menesterosos y desposeídos. Malthus siempre insistió en que tales personas debían no solamente dejarse morir, sino facilitarles todo lo posible dicho tránsito a una mejor condición. Dado que Malthus consideraba que los trabajadores humildes podían ser dejados con vida, ya que, al menos, podían atender a las necesidades mas primarias para su subsistencia y la de su familia, los políticos reformistas, con orientación más social le proponían a Malthus que se desarrollasen puestos de trabajo para los pobres, al fin de que dejasen de serlo y se convirtiesen en trabajadores a su vez.

Pero él se negaba una y otra vez a aceptar tal solución, a la que consideraba un engaño, ya que, según su interpretación, los pobres existían como consecuencia de la desmedida lujuria de sus progenitores, que, ateniéndose a la razón, no debían haber tenido hijos, puesto que no se hallaban en condiciones de mantenerlos. El dar trabajo a los pobres únicamente estimularía aún más sus bajas pasiones. Sin embargo, si se les dejaba carentes de todo tipo de recursos, pronto morirían, y dejarían de ser un lastre para los políticos y dirigentes acaudalados, como él mismo. Caso de que no muriesen rápidamente de hambre, Malthus aconsejaba enfáticamente (como se ve en el texto de la nota al pie ya referida, que se adjunta a estas páginas) cultivar condiciones de insalubridad tales que pudiesen desarrollarse enfermedades infecciosas que cumpliesen eficazmente ese papel exterminador; incluso la peste podía ser bienvenida. No sabemos en qué medios preventivos confiaba Malthus para evitar que la peste fuese contagiada por los pobres a los ricos, ya que, al menos en el pasado, tales epidemias, parece que se comportaban de forma bastante igualitaria en cuanto a clases sociales. 

Malthus consiguió boicotear todas las propuestas de ley en favor de los pobres, siendo una de ellas la de Arthur Young, el primer secretario de William Pitt en el Ministerio de Agricultura británico, que había propuesto suministrar a cada familia indigente con más de tres niños, medio acre de tierra para cultivar patatas, y forraje para mantener a una o dos vacas, con lo cual habrían resuelto su subsistencia. La oposición de Malthus, respaldada por David Ricardo y todos los nuevos economistas fue extremadamente violenta y, por desgracia, exitosa, con lo cual consiguieron precisamente lo contrario de lo que pretendían, ya que los pobres (al menos no todos ellos) no se murieron de hambre, se reprodujeron y constituyeron una clase al parecer actualmente creciente en Inglaterra, en tanto que con la propuesta de Young hubiesen habido mucho mayores probabilidades de éxito en la erradicación de la pobreza en el país. 

Los actuales estudios demográficos, han demostrado sin dejar lugar a dudas que las tasas de natalidad son mayores en los países más pobres, pero que disminuyen espectacularmente en la medida en que a esos países y a sus habitantes se les deja acceder a un mínimo de bienes y recursos, y su población adquiere un cierto nivel educativo. Y, como todo el mundo sabe, son los países más ricos y las clases más acomodadas los que tienen una tasa más baja de nacimientos, es decir, prácticamente todo lo que postulaba Malthus ha demostrado ser, no solamente inhumano y criminal, sino científicamente erróneo. Recientemente, Francés Moore Lappé y Joseph Collins, fundadores del Instituto para la Alimentación y el Desarrollo con sede en San Francisco, han demostrado que la escasez de alimentos no es un hecho real.

El problema no consiste en el incremento de la producción sino en la selección de lo que se debe producir. Esta selección no debe realizarse en función de los intereses de los propietarios de los medios de producción. sino de los destinatarios La respuesta no es la simple introducción de nuevas tecnologías, sino una distribución más racional e igualitaria de los recursos. De acuerdo a sus investigaciones, no hay ningún país en el mundo en que los habitantes no puedan mantenerse con los recursos autóctonos. La cantidad de comida producida actualmente en el mundo es suficiente para suministrar una dieta adecuada a ocho mil millones de personas, es decir, mucho más de la población actual. El problema a solucionar no es pues la redistribución de los alimentos, sino la redistribución del control de los medios de producción agropecuarios. Este estilo de política, donde se pretende la supervivencia de todo un pueblo y no de unos pocos privilegiados, de forma lo más autónoma posible y sin endeudamientos que dejarán al país en manos de terceros, requiere que el desarrollo industrial sea secundario a la satisfacción de las necesidades básicas de la población, y que el comercio sea una extensión de las necesidades internas del país, y no venir supeditado a las demandas externas, de países más desarrollados, que buscan satisfacer a costa de los sub o infradesarrollados, sus necesidades de tercer o cuarto orden, a las cuales sí seria adecuado denominar « apetencias« . 

Otros autores de influencia ideológica sobre la creación de la ciencia económica 

El primero de ellos al que debemos mencionar, sin lugar a dudas, es sir William Petty, quien, de hecho, fue el inaugurador o fundador de la Economía en su acepción actual, a lo largo del siglo XVII. Fue profesor de anatomía en Oxford y de música en Londres, y médico del ejército de Oliver Cronwell. Entre sus amigos más próximos estaba Sir Christopher Wren, quien realizó los monumentos arquitectónicos que dan su peculiar fisionomía a la ciudad de Londres, hombre de saber universal y de inspiración masónica, y también Isaac Newton, de quien, asimismo, se conoce su orientación hacia el ocultismo, a cuyo estudio dedicó la mayor parte de su vida, como han puesto de relieve sus biógrafos, aunque en sus últimos años él mismo quisiese desvirtuar esa realidad. Su obra más destacable es la « Política Aritmética« , en la que se intentan sustituir las palabras por números y expresiones matemáticas, siempre que resulta posible, con orientación basada en la ciencia natural y que rehuye todo lo trascendental.

Como se ve, resulta al menos paradójico que hombres de esta índole, poseedores de un conocimiento esotérico importante, que llegaron a fundar lo que denominaron « La Sociedad Lunar », para discutir temas tanto de ciencia, como de humanidades, como -- con toda probabilidad -- sus comunes intereses alquímicos, en su vida pública gustasen de hacerse pasar por materialistas, aunque muy posiblemente, como indica Morris Berman en su obra « El Reencantamiento del Mundo », al tratar in extenso la figura de Newton, existían motivos políticos e intereses partidistas que justifican tal comportamiento, aunque no deje por ello de ser deshonesto para con la verdad.  Petty actuó como todo un precursor, definiendo conceptos tales como el valor del trabajo, distinción entre precio y valor, la noción del « salario justo », la conveniencia de la división del trabajo, y la naturaleza del monopolio. La cantidad del dinero, su velocidad de circulación, y también sugirió la realización de obras públicas para solucionar el desempleo. Otra de las grandes figuras básicas en la formulación de ideología para la nueva ciencia, fue John Locke, quien fue considerado como el filósofo más brillante del llamado « Siglo de las Luces », inspirado a su vez por Descartes, Newton y Hobbes. Locke elaboró la idea de un gobierno creado para proteger a los habitantes de la nación y el adecuado ejercicio de sus derechos.

El gobierno era útil en tanto cumpliese esa función, y podía ser destituido en cuanto mostrase no cumplir adecuadamente sus objetivos. Más abstracto de Petty, quien consideraba que los precios de los productos debían reflejar, con la mayor exactitud posible, la cantidad de trabajo empleado en su elaboración, Locke planteó la conveniencia de que los precios quedasen al albur de las dinámicas de oferta y demanda, extrayendo así, el factor posiblemente más clave de nuestro sistema económico actual, fuera de toda consideración racional y desgajándolo de su origen como resultado del esfuerzo creativo de un ser humano. A partir de ese momento, desapareció la restricción del « precio justo », que es la que sostiene la idea del « salario justo », y todo lo relacionado con el dinero quedó en manos de leyes abstractas, que funcionan virtualmente al azar. Con todo, la ley de la oferta y la demanda tendría alguna posibilidad de funcionar correctamente (tal como se entiende la corrección en el modelo económico, no según consideraciones humanas ni morales) si no fuese interferida continuamente por las manipulaciones de los poderosos, que concentran el control de los recursos de producción y financieros, que, adicionalmente, tienden a distorsionar, de acuerdo a su conveniencia, la elección de los demandantes, alterando su escala de valores y generando necesidades ficticias. La pretensión de encajar los aconteceres y comportamientos humanos en modelos científicos mecanicistas, es lo que ha destruido más gravemente la imagen del hombre (que, evidentemente, no puede ser entendido bajo los mismos parámetros que una piedra, que sigue ciegamente la ley de la gravedad) y ha originado más desastres y sufrimientos en el ámbito social. Entre los responsables de los males que afligen al hombre en un sistema tan desnaturalizado como el que nos ha tocado vivir, quizá el más destacado entre ellos sea Hobbes, quien define explícitamente al ser humano como una mercancía, y coloca el punto de partida natural del hombre en la selva. Sería preciso redefinir el concepto de ‘connatural con’. Muchos autores le replicaron a Hobbes que el ámbito connatural con el hombre era el de su hogar, con su familia, ya sea en el campo o en la ciudad; entendiendo al hombre como un ser civilizado y culto, sano de cuerpo y mente, y no como un salvaje irracional o un psicópata, que serían los casos más próximos a las entidades descritas por este autor.

Contemporáneo de Hobbes, Rousseau entendía al hombre provisto asimismo de un origen natural, y en ese origen lo contempla como perfectamente puro e infantil, el ‘buen salvaje’. Esto nos demuestra que los intelectuales de la época tenían motivos sobrados para discrepar de la descripción de Hobbes, y el hecho de que fuese escogida como la única válida para el estamento ‘oficial’, y la que ha se ha trasmitido como idónea a la posteridad, resulta tan sospechoso como siempre que nos enfrentamos con disyuntivas de semejante naturaleza histórico-cultural. Cuando la humanidad ha de realizar un importante salto cultural, suele escoger la peor de las formas, entre las que se le ofrecen, para llevar a cabo ese hecho de consecuencias trascendentes. Este tipo de elecciones erróneas ya está ejemplificado de forma arquetípica y simbólica en el Nuevo Testamento, con la elección que hace el pueblo judío de Barrabás en lugar de Jesús, para su liberación por parte de las autoridades Romanas. Esa forma de proceder se ha venido perpetuando a la largo de la Historia. La humanidad, simbólica pero efectivamente, una y otra vez, escoge a Barrabás y demanda a gritos el ajusticiamiento de Jesús. La opción más inmoral, la menos sabia, la que contiene múltiples y -- muchas veces-patentes errores teóricos en su presentación, suele ser la que prevalece.  Otras elecciones históricas erróneas que nos vienen ahora a la memoria, simplemente a título de ilustración, pueden ser las que se realizaron en su momento entre las figuras de Jean Huss o Lutero, para elegir al protagonista de la reforma de la Iglesia, y, también, la quizás menos conocida, entre Ferdinand de Lasalle y Josep Proudhon, por una parte, y Marx y Engeis por otra, como protagonistas de una alternativa para el sistema político económico capitalista. En estos casos queda muy de manifiesto cómo la personalidad con menos calidad humana, con más defectos, con menor sensibilidad, y siempre más alejada de consideraciones trascendentes y humanitarias, es la que consigue el protagonismo definitivo. Las ciencias han pretendido- y en parte han conseguido -- convertir al hombre en un objeto, en lugar de operar como instrumentos a su servicio. Esta crítica, que es básicamente cierta, no obstante es incompleta. De hecho, lo ocurrido es que, al convertir a los hombres en instrumentos de explotación, han hecho posible que una minoría poderosa pudiera valerse de su instrumentación (en forma de coartada cultural) que le ofrecían, para servirse de otros hombres menos favorecidos, y explotarlos en su beneficio sin ninguna oposición ni rechazo significativo por parte de su entorno social. El punto de partida del actual problema social radica en la deshumanización de la cultura. El capitalismo se produce en un contexto pragmáticamente ateo, y el comunismo en uno oficialmente ateo; ambos comparten una visión materialista del ser humano, como un objeto más a comprar o vender.  Otro de los responsables de la deshumanización actual, y tal vez el de mayor trascendencia, es la teoría de la Evolución de Darwin, que consigue rebajar al ser humano a la categoría de animal, no con el objetivo de ensalzar al animal, sino para tratarlos a ambos despiadadamente, como objetos de la peor explotación, y convirtiéndose en la teoría científica que los representantes del poder constituido han considerado más cómoda y útil para sus objetivos de manipulación y control. Vemos pues cómo, en un esfuerzo persistente, realizado de forma meticulosa a través de diversas etapas históricas, se ha pretendió y conseguido (muchas veces con medios burdos y poco resistentes a un análisis de verdadera lógica aristotélica) destruir el sentido teleológico de la naturaleza: el sentido de la existencia. La conveniencia de destruir el sentido de la existencia y desterrar la posibilidad de un Creador, así como la existencia del Bien y del Mal, radica en hacer desaparecer las últimas barreras que podían dificultar la explotación más salvaje de la mayor parte de la humanidad por una minoría desprovista de escrúpulos. 

Darwin se inspiró en Malthus , especialmente en su obra « Un Ensayo sobre la Población« , y también en la obra de Herbert Spencer. De allí se desprendió el llamado « Darwinismo Social« , doctrina cronológica e ideológicamente pre-Fascista. Así podemos llegar a la situación actual, en la que una teoría económica, materialista y salvaje, como la que se desenvuelve en los Estados Unidos, promueve sin ambages conductas antisociales e incluso ilegales, como el engaño y la evasión de los impuestos, en inglés. : »free-riding »; y todo ello de forma pública y perfectamente aceptada, pues parece que los economistas tuviesen patente de corso en nuestra estructura social. ¿Se debería dejar plena libertad de acción a la fuerza de la gravedad? ¿Deberían de suprimirse las barandillas en los lugares elevados, que protegen a las personas de una caída? Si empleásemos los criterios vigentes en la ciencia económica, deberíamos responder que sí. 

Algunas consideraciones sobre la significación de lo « económico » en la vida y expresión del hombre   

Una sociedad como la actual, en la que la economía ha sustituido a los valores humanos y religiosos (donde la cooperación de la globalidad es sustituida por la lucha del individuo contra todos los demás) aprende a utilizarlos para sus fines egoístas. Ontológicamente, lo económico no es un factor que prime o distinga al individuo. De hecho, se trata de un área que se corresponde con los elementos material/biológicos de supervivencia, y éstos son bienes indiferenciados e indiferenciadores. Se corresponden con lo común, con lo colectivo, con la totalidad de la humanidad. Son suministrados (básicamente de forma gratuita) por la naturaleza, a quien nadie puede pagar para que los haga materializarse o para lo contrario. Su don corresponde a su arbitrio. Cuando ella se niegue de forma definitiva a suministrarlos, si es que eso llegara a producirse, no habría dinero suficiente en el mundo para hacerle variar su decisión. Únicamente la especulación, inventada por hombres astutos, ha sujetado la accesibilidad a los bienes naturales a la cuantificación monetaria, como símbolo y efecto de la acumulación antinatural y nunca justificable de lo que es un patrimonio natural de todos los hombres en manos de unos pocos, más fuertes o más hábiles, y fundamentalmente insolidarios. El concepto de escasez (base de la definición del valor económico para David Ricardo), se ha generado de esta forma. Los que más bienes consiguen acumular, son los que más dinero pueden poseer, y viceversa, y de esta forma tan sencilla, se crea un círculo vicioso (y nunca mejor aplicado el término), que todavía la humanidad no ha logrado romper, tras tantos miles de años de historia. Pero el hombre no es, como ser, como ens, una mercancía, aunque sus limitaciones corporales y sus necesidades materiales, irrenunciables e insustituibles para permitir el mantenimiento de su organismo corpóreo con vida, le coloquen en una situación de dependencia y de indefensión frente a los pocos que poseen aquellos bienes que la totalidad precisa para subsistir. 

En base a su indefensión como masa, se le ha podido esclavizar, de diferentes formas en los diferentes momentos histórico-culturales. En la antigüedad atado a los remos de una galera, y en el presente, a un trabajo (el afortunado que puede “gozar” de él, y que cada vez entra más en una dimensión minoritaria y minorizable) de ocho horas teóricas, las más de las veces desprovisto de todo sentido y de cualquier condición que permita expresar auténtica creatividad y elementos de enriquecimiento psíquico-anímico, cuyo mantenimiento, al coste que fuere, es lo único que le permitirá disponer de los elementos mínimos indispensables para continuar viviendo. Esta es la condición del 80-90% de la población en los países del mundo desarrollado o hemisferio norte, como ahora se le ha dado en llamar. Para el hemisferio Sur, el panorama ineluctable es la consunción y posterior extinción, dentro de una miseria progresivamente más opresiva.  Estas son las consecuencias del “Taylorismo” americano y de las erróneas interpretaciones de Adam Smith con su concepto de “Libertad de Mercado”.  (Al utilizar el término “erróneo”, queremos referirnos a que Smith, como la mayor parte de los economistas teóricos de su tiempo, nunca pretendió, ni pudo prever los hechos que se han ido encadenando, imparablemente, a partir de sus presupuestos doctrinales, y que confiaba, a la postre, en la sabiduría intrínseca de las leyes naturales, para hacer justas las dinámicas económicas, en si fundamentalmente maquinales y ajenas a toda consideración humana). No son comparativas la búsqueda de riqueza, concepto que supone ya una parte significativa de los bienes de toda una nación, con la búsqueda de los medios para una subsistencia digna. Cuando los bienes sobrepasan lo necesario para una subsistencia digna, existen grandes probabilidades de estarse apropiando de una parte de bienes que corresponderían, en estricta justicia, a las necesidades básicas de los demás. Por otra parte, una vida consagrada a acumular riquezas, tiene muy poco que ver con el desarrollo de cualidades verdaderamente humanas: moral, inteligencia, comprensión, penetración en la esencia de la realidad, sobre todo lo cual, como hemos visto, ya advertía el propio Adam Smith en la primera de sus obras.   El ser humano, la persona racional y libre como la concebía la mentalidad greco-latina, es un ente dotado de la capacidad de crear y trasformar la realidad que le rodea, a poco que se le favorezcan los elementos para desarrollar adecuadamente sus capacidades o facultades seminales, cosa que, tal como se contempla en la historia, los diversos sistemas de gobierno no han considerado nunca su objetivo efectivo. Al respecto resulta muy ilustrativo examinar los diferentes conceptos del llamado “Contrato Social”, desarrollados tan tarde como en los siglos XVIII y XIX, fundamentalmente en el área anglosajona, para ver lo rudimentario, incluso burdo y tosco, de esos planteamientos, y la concepción unilateral y absolutamente pesimista del ser humano. 

 Esa concepción derivaba inevitablemente del materialismo, mecanicismo y pragmatismo, desarrollados en la filosofía de los ámbitos culturales de las clases más favorecidas, en los cuales  estos conceptos vieron la luz y recibieron cuño de aceptación social, indiscutida e instituída.  Una verdadera democracia, si hemos de examinar lo que se estima como forma justa e gobierno, significaría accesibilidad al poder, implicado básicamente en el conocimiento de la realidad. En la práctica, el verdadero conocimiento se substrae y se sustituye por una burda adulteración, incapaz de ninguna operatividad sobre los estratos esenciales de la realidad, sino únicamente sobre sus aspectos más superficiales y anecdóticos, que pueden ser modificados sin mayor consecuencia de un día para otro. Toynbee, en su obra “Estudio de la Historia”, nos muestra que el alma humana, cuando se hace consciente de vivir en una civilización que declina, (y difícilmente nadie negará que eso precisamente es lo que le está sucediendo a la nuestra), responde de formas características. Como el momento presente no le aporta elementos que pueda utilizar para su enriquecimiento psíquico, opta por dar un salto hacia el pasado o hacia el futuro. Tanto el “Arcaísmo” como el “Futurismo” determinan trastornos en el desarrollo histórico.  Otros medios, de naturaleza más positiva, son: el desapego y la transfiguración. “La conclusión es que el único estilo de vida que resuelve el problema de la vida, consiste en desapegarse uno mismo de la vida”. Entre las líneas que han cultivado el desapego, Toynbee incluye los Estoicos, Epicúreos, El Bhagavad Guita y el Budismo Hinayana. 

El desapego, que se emplea como una actitud generalizada en las corrientes orientales, sirve de trasfondo para la práctica de la meditación, que lleva la conciencia a ámbitos de la realidad apartados del mundo físico. Sin embargo, Toynbee muestra un camino adicional, que puede permitir reintegrar el alma al ámbito espiritual del que procede, sin necesidad de abandonar el mundo físico, y es el que denomina transfiguración: un viaje de ida y vuelta al ámbito de lo espiritual, en el que, a su regreso, el alma vuelve cargada de contenidos esenciales que dan sentido y significado a las vivencias, las más de las veces penosas, del mundo material. En esta misión redentora, el alma cumple los designios del mundo espiritual, y así cobra sentido ella misma y todo el ámbito al que su acción de ayuda alcanza; aunque los resultados no sean inmediatamente aparentes, existe una riqueza subyacente que difunde el sentido de armonía y confraternidad, estableciendo las bases de una nueva civilización, en medio de un mundo en descomposición cultural y moral.

*Extraído de  http://www.revistabiosofia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=311&Itemid=55

27 novembre 2010

Diccionario Pedagógico Cítrico

Publié par peuma dans El sentido de la educación

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BREVE DICCIONARIO PEDAGÓGICO CÍTRICO

Por Anrí Gurú*

Activismo 

En teoría pedagógica, el activismo es la doctrina filosófica de la actividad, asociada a la Escuela Nueva y que enfatiza la experimentación vital, colaborativa y  autónoma que subyace en una buena enseñanza. En materia de educación pública se entiende el activismo como la capacidad del Ministro de Educación –y sus asesores para hacer muchas cosas, sobre todo para diseñar e imponer una política educativa sin consultarle a nadie, de espaldas a la investigación educativa y sin sentido transformador. 

Alumno 

Persona “sin luz” educada desde su niñez por otro superior, por un adulto, por un profesor, en espera de recibir la materia o contenido que, en rigor, no lo hará libre. En este contexto, por razones de control, se acostumbra a organizarlos en conjuntos de más de 40 de ellos, pasando a denominarse grupo-curso. En el sistema educativo chileno, especialmente en el sector particular subvencionado, la idea de alumno remite a un monto de dinero (la subvención) que es una modalidad de financiamiento pública de la educación privada. 

Aprendizaje 

Se define como el proceso psicosocial mediante el cual un sujeto adquiere destrezas o habilidades, incorpora o resignifica contenidos conceptuales o adopta nuevas estrategias de conocimiento autónomo. Dada la experiencia de la cultura escolar chilena, habitualmente el aprendizaje se convierte en un problema para los actores del sistema educativo, por lo que se habla sinceramente de problemas de aprendizaje, lo que corresponde a un cierto mal intra-mental que posee el alumno y que no le permitirá tener satisfacciones en la escuela y menos en la vida. 

Calificar 

En tiempos de una educación asentada en la lógica de los derechos humanos, la mayor parte de los estudiosos del tema han señalado la incongruencia e inconveniencia pedagógica de reducir al educando a una parte de él, a un dato, a una variable, a una fracción de su complejidad y su existencia. Sin embargo, pese a las insistentes nuevas concepciones de la evaluación educativa, la idea de calificar, esto es, poner notas o expresiones cuantitativas para juzgar los logros de aprendizaje de los alumnos, constituye aún la mejor e imborrable manera de definir la calidad de la educación. Prueba de ello son, por ejemplo: a) los años de acreditación posibles de lograr por parte de una universidad o carrera (de 1 a 7), b) la clasificación de los docentes evaluados en su desempeño como básicos, insatisfactorios, etc.; c) las comunas jerarquizadas según niveles de pobreza o vulnerabilidad; y, d) los puntajes de PSU o de SIMCE. En suma, todos merecen reprobar, todos, autoridades, directivos, empresarios, apoderados, investigadores, todos merecen un 1,0 en resignificación crítica de lo que es evaluar. 

Constructivismo 

Concepción del aprendizaje que sustenta buena parte de las actuales reformas educativas. Tiene el mérito de ser la única teoría que todos dicen valorar y promover, pero que pocos demuestran en sus prácticas educativas y de gestión académica, entre otros motivos porque supone renuncia al conductismo, valoración de la subjetividad y respeto a las diferencias de los niños y niñas, todo ello, perfectamente despreciado por asesores educativos tanto de izquierda como de derecha. 

Currículum 

 Parte de la Pedagogía encargada de la selección mayor de los saberes que las nuevas generaciones deben asimilar a lo largo del ciclo educativo. Para el Ministro de Educación de turno corresponde a los cargos que ha tenido anteriormente y que, de algún modo, son la base de los futuros cargos políticos y/o académicos que aspira a tener. 

Currículum flexible  En teoría curricular se refiere a la modalidad de curriculum escolar que permite máxima movilidad y la elección de distintos caminos en su interior. Entre los nuevos asesores del Ministerio de Educación, se refiere a la factibilidad de ablandar los requisitos de entrada a dichos puestos laborales y, en sentido estricto, a la prescindencia o no obligatoriedad de estudios formales en pedagogía. 

Currículum oculto 

Para los teóricos críticos, el curriculum oculto es todo aquello que se enseña y aprende en la cotidianeidad sociocultural del aula, sin que exista una declaración formal o explicita de esos aprendizajes esperados. Para muchos decanos de universidades privadas es un signo de mala gestión, pues, es imperdonable que se extravíen los currícula de los docentes contratados. 

Didáctica 

Del griego didactike, enseñar. En sentido hermenéutico-crítico y nostálgico, se refiere al esfuerzo metacognitivo, emancipador y profesional que hace un pedagogo por desarrollar procesos eficientes de enseñanza y aprendizaje desde una mirada democratizadora del mundo. Desde un punto de vista de la actual política pública en educación lo didáctico se refiere a explicar en fácil algo complejo, usando medios audiovisuales de última generación, constituyendo una práctica educativa que sólo podría hacer un ingeniero, un bioquímico o un abogado, que le guste hacer clases por hobby o por solidaridad con los pobres. 

Escuela crítica 

Originalmente, se refiere a una postura pedagógica que cuestiona radicalmente la sociedad capitalista, la cultura dominante, la racionalización del mundo occidental. En la actualidad, se denomina escuela crítica a una escuela pobre, subvencionada o municipal, que no da señales de calidad en el SIMCE y que amerita una intervención asistencialista y controladora de sus procesos formativos. 

Escuela nueva 

Establecimiento recientemente creado por uno o más empresarios-sostenedores. Alguna vez representó una postura pedagógica que cuestionaba la escuela tradicional y autoritaria, proponiendo un rol distinto, reflexivo y activo por parte del profesor y del alumno. Con todo, estudios recientes demuestran que esta postura jamás se plasmó en alguna política pública visible, estable o coherente para la educación pública en los últimos 30 años. 

Evaluación diferenciada 

En el decálogo de la buena Educación Especial, la evaluación diferenciada ocupa un lugar de privilegio, pues, es la que se aplica escolarmente a los que son diferentes, a los que tienen necesidades educativas especiales. Empero, como los diferentes son los niños y niñas concretos que poseen y viven las diferencias abstractas inventadas por psicólogos y psiquiatras, es preciso aclarar que no se trata de cualquier diferencia, sino de diferencias socioescolarmente poco deseables, negativas, inferiorizantes (porque, de lo contrario, habría que aplicársela a todo el mundo y deja de ser diferenciada). En este sentido, la evaluación diferenciada opera más bien como la forma asistencialista, estigmatizadora y encubierta de marcar al otro como un otro inferior, psicológicamente carenciado, pedagógicamente limitado. 

Evaluación formativa 

Es aquella modalidad evaluativa que opera a lo largo del proceso escolar y que le permite al estudiante terminar de aprender –y de una buena vez- cuestiones que de otro modo no aprendería en el desarrollo habitual de la docencia, como por ejemplo, quién manda en la sala, quién es el que sabe, quién es el “doztor”, qué implica hablar en clases, cuáles son los riesgos de no prestar atención al profesor, cómo caerle bien al profe, qué le pasa a los chistocitos, entre otras. Pese a que no lleva calificación (notas), su función de control latente, gracias a Dios, no está nunca en riesgo

Investigación educativa 

Denominación especial otorgada a la investigación científica aplicada a la educación, esto es, la educación como objeto formal y material de la producción de conocimientos. El principal requisito para hacer investigación educativa es no conocer una institución educativa y no haber estudiado Pedagogía. 

Lúdico (Del latín ludus, juego)

Relativo al juego, al divertimento, al comportamiento pueril. Único modo de entender las conferencias de prensa del Ministerio de Educación local proponiendo la creación de una comisión de expertos, una innovación curricular o alguna política pública destinada a alcanzar calidad de la educación. 

Metaevaluación

 Actitud formativa y, en ocasiones, altamente reiterativa, asociada a la búsqueda intencionada de excelencia académica de elite, de evaluar todo en el proceso educativo, de modo permanente y por motivos múltiples. Corresponde, en consecuencia, a una sobredosis de evaluación… evaluación aquí, allá, acullá. (Méta)le y (méta)le evaluación, hasta la saciedad. 

Necesidades educativas especiales 

Manera actual, solapada y políticamente correcta de definir al estudiante que no aprende bien, que no merece aprobar de buenas a primeras, sino con ayuda externa y flexibilizada (ver evaluación diferenciada). En este sentido, dado que el niño o niña es el que tiene la necesidad educativa especial (nunca la escuela o el profesor) representa un eufemismo para nombrar a los tarados, inmaduros, raritos, deficientes, cretinos, porros, flojos, trastornados, discapacitados, “cuatreros”, limitados, que una ola de aire democratizador permitió que entrasen a las escuelas de personas normales. Como la culpa para hablar de estos temas es más grande, cuentan con un valor de subvención escolar mayor. 

Objetivos de aprendizaje 

Forma moderna de definir los contenidos científicos, culturales o artísticos que un escolar debe aprender en contra de su voluntad, sin tomar en cuenta sus saberes  previos, sus aptitudes ni su identidad. 

 Pensamiento Convergente 

Tipo de pensamiento, según J. P. Guilford, realizado para establecer homogeneidad en la solución de problemas y, en general, en la comprensión de la realidad. En los hechos, en el pensamiento convergente se avanza dentro de las reglas del juego, en el sentido impuesto por las premisas y condiciones previas, hacia el objetivo previsto. En política educativa, es el requisito número uno para contratar asesores y expertos en educación. 

Pensamiento Divergente 

Pensamiento opuesto al pensamiento convergente. Indicador de la existencia de una educación potencialmente libertaria y peligrosa, por ello, retirado de los documentos oficiales del aparato estatal. 

Planificación educativa 

En general, la planificación es una previsión relativamente racional de lo que tiene que hacerse. En el sistema escolar es un documento de formato complejo y meticuloso que se debe entregar antes del inicio del proceso de enseñanza y aprendizaje, para ser archivado y olvidado en dependencias de la jefatura técnicopedagógica de la institución, permitiendo, así, paradojalmente, el control del docente y el surgimiento de la improvisación durante el resto del período escolar. 

Trabajo en equipo 

Es el esfuerzo cooperativo que realiza un grupo pequeño para alcanzar los objetivos planteados. Supone confianza, diálogo, colaboración, división del trabajo, metas claras, valoración de las ideas nuevas independiente de quien las propone, pluralismo, entre otras condiciones mínimas. Dada la matriz sociopolítica de Chile, esta práctica es hoy imposible. 

 ZDP 

Corresponde a la Zona de Desarrollo Próximo (ZDP), en la teoría del aprendizaje atribuida al psicólogo ruso L.S. Vigotsky. Se trata de un concepto de raíz constructivista referido a la posibilidad de que los estudiantes de escuelas públicas aprendan alguna vez en el aula (zona de desarrollo del prójimo) aquello que los niños de escuelas privadas aprenden temprana y eficientemente en su casa (zona de desarrollo garantizada).

* Adaptación extremadamente libre y traicionera del diccionario llamado “Laboratorio de Didáctica” aparecido en: (http://apuntes.rincondelvago.com/didactica_5.html) (Consulta on line, 19 de Noviembre de 2010).  Diccionario Completo dicicionariopedaggicoctrico.pdf

21 octobre 2010

Las cosas por su nombre…Discurso de N. Mosciatti

Publié par peuma dans Actualidad

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 Al recibir el premio de Periodismo Embotelladora Andina 2010, el periodista  Nibaldo Fabricio Mosciatti pronunció este agudo y provocador discurso en medio de la elite más granada de este país…políticos, empresarios, militares, etc. Pocas veces se escucha tratar a las cosas por su nombre, sin eufemismo ni complacencias. Un buen EJERCICIO EDUCATIVO:

« Como el orden de los factores SÍ altera el producto, este discurso comienza así: ¡Familia!, Constanza y retoños, amigas y amigos, queridos auditores, añorados lectores, circunstanciales televidentes, jurado del premio, embotelladora del premio (siempre hay que ser bien educado), autoridades varias y vagas; autoridades en la vaguedad. O sea, en la distancia. Amablemente.

Este texto consta de tres partes. A saber: agradecimientos, reflexiones sobre el oficio y, finalmente, piloto para un espacio de radio de trasnoche. Vamos, pues…

1.- Agradecimientos:

Quiero agradecer a mis maestros. A los que, primero, me enseñaron. Quiero agradecer a mis padres. El rigor de la Loli y la fantasía de Pocho. La perseverancia y pasión de ambos. El aprendizaje de ver pasar el río, de plantar algunos árboles. El vivir la vida sin ambición por el dinero, ni ínfulas sociales.

En este oficio de periodista quisiera haber heredado una pizca del talento, la sensibilidad y la rebeldía de mi padre. Sin esas cualidades, el periodismo se convierte en otra cosa: en una simple reproducción de discursos, en un engranaje más de las máquinas de los poderes y los poderosos, en esa cosa amorfa, triste, gelatinosa, y, a veces, ruin y malvada, que son las relaciones públicas o todo tipo de comunicación que está al servicio de unos pocos en detrimento de la mayoría anónima.

Quiero agradecer, andando ya el camino, a algunos profesores. De mi colegio: Lamiral, Varela, Tolosa, Fierro, Boutigieg, Pilon, Biancard. La añoranza de ese espacio de libertad cuando la libertad escaseaba.

Y de la Universidad… allí, en verdad, gracias a pocos. Es más, si hablo largo terminaría a los garabatos y repudiando a muchos de esa Universidad Católica, la UC de aquella época, puta prístina de la dictadura, con sus sapos, sus silencios cómplices, sus injusticias mofletudamente bendecidas, bendecidas por sus monseñores y sus autoridades venenosas que no se arrugaban en tolerar, avalar y alentar la brutalidad para preservar el orden, que era un orden chiquitito, orden sólo de ellos.

Doble mérito entonces para mis profesores de la Universidad a los que agradezco: Juan Domingo Marinello, Cacho Ortiz, Gustavo Martínez y los Óscares: Saavedra y el RIP González, lo que no es maldad, porque todos nos vamos a morir. Así es que RIP nomás.

Y, en el oficio, más gracias. Gracias a algunos que me apuntalaron, mostrándome matices de dignidad: Salvador Schwartzmann, Jaime Moreno Laval, Mario Gómez López, Gabriela Tesmer.

Los otros, los amigos que me enseñaron y que, por sobre todo, quiero: Andrés Braithwaite, el mejor editor de prensa escrita que haya conocido nunca; Pancho Mouat; los laberintos del pensamiento de Ajens; Pablo Azócar y el filo de su pluma; Rafael Otano y su erudición que te obliga a ubicarte donde siempre debe ubicarse un periodista, que es en la ignorancia; y Patricio Bañados, que me ha mostrado el valor de las convicciones y la decencia que debería imperar en este medio. Pero ustedes lo saben: NO impera.

En cuanto al premio mismo, gracias al premio, que permite esta convocatoria. Así veo a gente que quiero. Premio gracioso y gaseoso. Tan gracioso que creí que era pitanza. Premio de fantasía y bebestible, para mí, que me ufano de haberme criado bebiendo agua de un pozo alimentado por una napa subterránea que desciende al río Bío Bío desde la cordillera de Nahuelbuta. Agua pura.

Gracias, entonces, al jurado que me eligió. Gracias sinceras porque, por lo demás, no he postulado a premio alguno, lo que me indica que mi nombre les salió del corazón. O de la razón, lo que no sé si es mejor o peor, todavía.

Y gracias a la empresa que da el premio. Premiar periodistas es labor samaritana. Mejor que el Hogar de Cristo o la Teletón, en la medida en que no se convoque, paradójicamente, a la prensa.

Sugiero a la embotelladora que también se incluya, en galardones paralelos, a zapateros remendones, desmontadores de neumáticos en vulcanizaciones, panaderos, imprenteros, empastadores de libros, ebanistas y expertos en injertos de árboles frutales, para que se consolide la idea de que lo que se premia es el ejercicio de un oficio, el día a día de las letras, y no la ruma de certificados, con sus timbres y estampillas, ni la galería de cargos, ni, menos todavía, la trenza de contactos, pitutos, militancias, genuflexiones (para no usar imágenes obscenas) favores y deudas. Así debiera ser.

En suma, muchas gracias. Gracias por mí, pero también gracias por La Radio. Este premio es, en gran parte, mayoritaria parte -seamos sinceros-, un premio a Radio Bío Bío. Un premio a un proyecto que nació en 1958, en Lota, con radio El Carbón. Un proyecto que mi padre no sólo ideó, parió, construyó, afianzó y encauzó, sino que es un proyecto que sigue siendo fiel –y esperamos no tropezar nunca en ello– a lo que mi padre quiso. Eso es lo que más se merece un premio: la idea de un medio de comunicación al servicio de la gente, sin cálculos, sin ideas de trampolín para lanzarse a otra piscina. Señoras y señoras, muchas gracias.

2.- Reflexiones sobre el oficio:

Lo primero es que trataré de evitar, probablemente, sin éxito, el peligro de todo discurso, que es terminar pontificando. Imagínense: yo de pontífice. Pondría mis condiciones eso sí: fin al celibato y, por supuesto, me negaría a usar esas polleras que usan los pontífices. Báculo sí usaría: más de alguno con que me cruzo merece un garrotazo, y los báculos papales y obispales, a veces pesados con tanto oro, deben ser buenísimos para tal efecto.

Bien, no nos desviemos, aunque el tema provoque curiosidad malsana.

Entonces: evitar pontificar. Porque el periodismo debiera estar lo más lejos posible de los pontífices: los de las religiones, la política, los negocios, la banca, el capital, la revolución, la involución, las dietas, las verdades reveladas, las ideologías, la numerología y tantos etcéteras. O sea, lejos de las certezas. El periodismo sólo se sostiene en su falta de certidumbres, en la duda permanente, en el escepticismo, en la incredulidad.

Vivir poniendo en duda todo puede, es cierto, generar angustia. Pero si no se busca el poder, la certeza mayor que te da el poder y, por consiguiente, la posibilidad del abuso –porque eso es el poder: la posibilidad de abusar–; si no se busca esa certeza, se puede vivir de lo más bien.

¿Cómo vivir en el ejercicio de la duda? Aventuro una respuesta: haciéndolo desde la sensibilidad. Sensibilidad para entender al otro. Hacer el ejercicio de despojarse de lo propio –las ideas, los odios, las fijaciones– para intentar reconocer, conocer, entender lo ajeno.

Hay, al menos, dos periodismos. Voy a dejar fuera a esa manga de serviles que, por opción (libero de culpa a los que no tuvieron alternativa), fueron útiles plumíferos de la dictadura. Siempre he sostenido que en dictadura, hacer periodismo es hacer oposición. Si yo pretendiera hacer periodismo en China, hoy, sería agente opositor (y qué bueno que el Premio Nobel de la Paz se haya otorgado a un disidente chino).

Bueno, dejando de lado esto, repito que hay, al menos, dos periodismos: Uno, el que le habla a la gente, porque piensa en la gente y siente que está al servicio de ella. Otro, el periodismo que le habla a los poderes, porque vive en ese rincón restringido y cálido –pero nunca gratis– que los poderes guardan a ese periodismo. Es un rincón un poco humillante, como esas casuchas para los perros guardianes, que te guarece de la lluvia pero que incuba pulgas y garrapatas, pero allí nunca falta el tacho con comida. Sabe mal, pero alimenta. Y, en general, engorda.

Lo que entiendo por periodismo es lo primero: el periodismo es un ejercicio de antipoder. Repartir, difundir, democratizar la información que, si es tenida en reserva por unos pocos, constituye poder. ¿No les suena acaso la figura de “uso de información privilegiada”?

Mi convicción, entonces: lejos de los poderes, que el poder corrompe. Y a más poder o más dinero, más corrupción.

De lo mucho que le debo a mis lecturas –en rigor no he hecho más que repetir cosas que he considerado inteligentes y por otros dichas–, le debo a Albert Camus la mejor definición de patriotismo. Si la bandada de sujetos vociferantes que se dicen patriotas se aproximara a esa definición, algo de eso que se sueña como humanismo sería factible. Escribió Camus, a propósito de la resistencia francesa a la ocupación nazi:

“Fue asombroso que muchos hombres que entraron en la resistencia no fueran patriotas de profesión. Pero el patriotismo, en primer lugar, no es una profesión. Es una manera de amar a la patria que consiste en no quererla injusta y en decírselo”.

Uno podría cambiar el término patria por humanidad y patriotismo por humanismo. Y uno podría considerar que ese ejercicio de humanismo es el buen periodismo.

Para no subirse por el chorro, una advertencia: muchos periodistas estaban o están convencidos que el periodismo es la palanca o instrumento para generar un cambio social. Nica. O sea, no. Quienes piensan así exhiben, quizás sin darse cuenta, una arrogancia y un mesianismo temible. Allí no hay duda, ni cuestionamiento. Los cambios los hacen los pueblos, no el periodismo. Tratemos –termino igual como empecé–, tratemos de no pontificar.

3.- Piloto para un espacio radial en el trasnoche. ¡Invito a que me acompañe (en saxo) Nano González!

¿Por qué te premian? ¿Porque ya eres suficientemente viejo? ¿Por qué ya lo que dices son puras boludeces y tus dichos perdieron filo, agudeza, desparpajo, y te repites como un viejo gagá que no dice nada nuevo ni nada que escandalice? ¿Por eso te premian, porque la lengua te la comieron los ratones? O, mejor dicho, ¿porque tu lengua se pudrió, de desprendió, añeja, agria, inútil?

Sobrevuelas un pedazo de tierra, hermoso por lo demás (bueno, hermoso en lo que va quedando de hermoso, porque lo otro ya lo arrasaron) y te dicen: mira, esa es tu Patria. ¿Qué es eso? ¿Una Patria, La Patria, tu Patria? ¿Para despedazarla y repartirla? ¿Para prohibirla, censurarla, amordazarla? Será mejor, entonces, no tener Patria, y ahorrarnos uniformes, paradas militares, desfiles, aniversarios, profesionales ociosos de la guerra. No, no, no; mejor así: que los militares sigan siendo ociosos y que no ejerzan su trabajo. Digo: no a la guerra. Y agrego: mar para Bolivia, y con soberanía.

En cada uno de nosotros habita ese lobo que ve a los otros como ovejas, y quiere devorárselas. Pero no nos engañemos, los lobos son los lobos de siempre. Se les reconoce por el hedor que van dejando sus meados. No trates de domesticar al lobo. Sácale lustre, aliméntalo con carne cruda y no lo retengas cuando llegue la hora de las dentelladas. ¿Se acuerdan de ese coro, auténtico, maravilloso, porque ponía en duda el orden que es, como todo orden, en el fondo, una prisión? El coro decía: ¡va a quedar la cagada, va a quedar la cagada, va a quedar la cagada…!

Nosotros, asesinos. Esa cualidad última es la que se promueve. No veas al otro como un socio, olvídate del concepto de prójimo (salvo cuando vayas a ese teatro vacío que se llama iglesia). Gánate un espacio, desplazando a otro. Es una lógica asesina. Bienvenidos al carrusel de los depredadores. Nuestro futuro está escrito: feliz regreso al canibalismo.

¿Dónde están los que no están? Bueno, yo lo sé, porque así lo siento: en ningún lado, por algo no están. Chau, listo, se acabó… Pero están. En nuestros recuerdos, en la memoria. Me gustaría que estuviera aquí Galo Gómez. Galo Gómez hijo. Romántico y pendenciero, pero tan buen tipo que sus peleas eran pura bondad. Galito, ¿te mataste o te mataron? No, parece que fue la borrachera y el exceso de velocidad. Te mataste, entonces. Te echo de menos.

Luciérnagas en la noche. Bajo los boldos, vuelan encantadas las luciérnagas de mi niñez y juventud. No las vi por años, casi décadas, hasta que una noche reaparecieron. Allí, en la orilla del Bío Bío. ¡Luciérnagas en la noche de nuevo! Como un mensaje que dijera: no todo está perdido, no todo es derrumbe. La sobrevivencia de las luciérnagas como metáfora de la supervivencia de lo hermoso, de los sueños, de que sigan existiendo luciérnagas para los futuros niños.

Y sí… Quisiera volver a ser un niño. Vivir, aunque sin saber, que todas las posibilidades del mundo están abiertas y disponibles para mí. Eso es la niñez: la infinitud de rumbos, la ausencia, por el momento, de condicionamientos, directrices, guías. El primer día de colegio es el primer navajazo a esa infinitud. Quisiera volver a ser un niño, antes del colegio. Niño, niño. Puro horizonte, posibilidades infinitas. Quisiera ser niño. ¡Y sin premio!

Muchas gracias.

25 septembre 2010

Ken Robinson sobre la educacion, la creatividad y la educacion integral

Publié par peuma dans Pedagogos y Pensadores Educacionales

Ken Robinson es un consultor en educacion ingles que inicio su carrera como profesor de artes plasticas. Recientemente se ha hecho conocido por sus libros sobre la creatividad y la educacion (los que no he leido, por lo cual no puedo pronunciarme)  y por sus conferencias donde presenta una critica al despilfarro que hace el sistema educacional de las capacidades humanas. Considero interesante examinar este punto, ya que una gran parte de lo que se hace en educacion en nuestros dias aparece justificado con la idea del capital humano. Incluso si aceptamos esta idea y abrazamos la motivacion de la preparacion para el mercado como la estrella polar de la educacion, la mirada de Robinson pone en jaque la logica interna de ésta.

En este fragmento de conferencia (podran encontar otras en youtube) me llamo la atencion su critica a la separacion entre la mente y el cuerpo que opera en nuestro sistema educativo. Es un tema que hace tiempo discutimos con muchas personas, y creo que es central a los planteamientos educativos. Dejando a lado la puesta en escena hollywoodiense a la one-man-show (a veces da la impresion de estar escuchando a Seinfeld!) , creo que se trata de una buena conferencia.

 Image de prévisualisation YouTube

 

http://www.youtube.com/watch?v=6OkKRf4HrUA&feature=related

 

 

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