
Luego de la entrega de los resultados de la PSU (1) 2008 y su amplia difusión medíatica mi hija de 12 años me hizo un comentario: “mamá -me dijo- es increible que un 70 % de los que obtienen los puntajes más altos en la PSU pertenezcan a colegios pagados, no puede ser…”. El porcentaje y su exactitud era lo de menos, lo que quería decirme era que le parecía terrible que obtener altos puntajes, y por lo tanto poder ingresar a las universidades tradicionales, fuera casi un patrimonio exclusivo de aquellos que tienen dinero para pagar un colegio particular.
Luego continuó señalando qué cómo era posible que los colegios municipalizados fueran “tan malos”, ante lo cual le di unas cuantas razones de porque ocurría esto, queriendo decirle que el problema no era que esos colegios y liceos fueran especialmente malos, sino que allí se concentraban los estudiantes más pobres de nuestro país, los que llegaban con menos capital cultural por la escases de recursos de sus familias y que, además debían estudiar en las escuelas con menos recursos invertidos por alumno. Y le agregué unas cuantas cifras más. Eso, y mi propia y confirmada desazon, me motivó a escribir…
Hace más de un año la escuela de Psicología de la Universidad de Chile y OPECH publicó un estudio (2) que, en resumidas cuentas, señalaba que la “suerte estaba echada” para la mayor parte de los jóvenes humildes que daban la PSU, pues su origen socio-económico y los establecimientos a los que asistían eran fáciles predictores de la obtención de bajos resultados en la prueba. Con cifras y relaciones estadísticas nos decían lo que tantos estudios acerca de la desigualdad educativa -ya sea a través del estudio de resultados de la PSU, SIMCE u otros engendros- han corroborado hace años: la vergonzosa correspondencia casi absoluta entre resultados de aprendizaje (medidos estandarizadamente) y nivel socioeconómico de los estudiantes y sus familias. En palabras simples: si perteneces a una familia con dinero y estudias en un colegio pagado tienes muchas mayores posibilidades de obtener altos puntajes en las pruebas PSU y SIMCE; al contrario, si perteneces a los quintiles más pobres de este país tus probabilidades de obtener altos puntajes son mínimas -obviamente en términos macro- es decir, tu suerte está (casi) echada aún antes que te sientes y contestes…
Algunas cifras oficiales (3):
►456 puntos es el promedio obtenido por los alumnos egresados de colegios municipalizados.
►489 puntos es el promedio obtenido por los alumnos egresados de colegios particulares subvencionados.
►607 puntos es el promedio obtenido por los alumnos egresados de colegios particulares pagados.
►42% de los alumnos provenientes de hogares con ingresos inferiores a los 432 mil pesos no alcanzó los 450 puntos y sólo un 9,6% superó los 600.
►70% de los alumnos provenientes de hogares con ingresos sobre el millón de pesos obtuvo sobre 600 puntos y sólo el 8,3% no llegó a los 450.
Estas cifran nos muestran claramente la brecha respecto a los resultados en la PSU de este año, de casi 150 puntos entre los alumnos de colegios particulares pagados y municipalizados y un poco menos entre particulares pagados y particulares subvencionados. Así también vemos como casi una mayoría de los estudiantes de familias de ingresos medio bajo y bajo ni siquiera obtuvieron el puntaje mínimo necesario para postular a las universidades tradicionales. Por su parte, más del 70% de los estudiantes de los sectores más ricos obtuvieron sobre 600 puntos y solo una minoría no obtuvo puntaje mínimo para postular.
¿Será entonces, que el duende de la fortuna premia con mayor inteligencia (entendiendola en este contexto como el nivel de aprendizaje escolar demostrable en las mentadas pruebas) a aquellos que, además, tuvieron la suerte de nacer en familias con altos ingresos? ¿o no será más creible pensar, como por lo demás lo avalan los estudios, que la inteligencia está relativamente distribuida en todos los sectores de la población, sin distinción social, y que son otros los factores que permiten que algunos -con mayores recursos- puedan potenciar y desarrollar las capacidades con que nacieron, mientras otros no puedan sacar provecho de ellas?
La desigualdad territorializada, otros datos(4):
Como si ya no fuera evidente la desigualdad, nos encontramos también con que ésta se haya “distribuida territorialmente” o como quiera llamársele a la concentración en determinadas comunas de Santiago de la mayoría de los máximos puntajes. Según cifras recogidas por el diario El Mercurio:
“Las Condes, Lo Barnechea, Vitacura, La Reina y Maipú arrasaron en la Prueba de Selección Universitaria (PSU). Según los resultados conocidos ayer, en esas comunas viven 103 de los 229 puntajes nacionales que se registraron este año, es decir, el 45% del total.
El caso más destacado fue el de Las Condes, donde 41 de sus vecinos respondieron correctamente todas las preguntas de las cuatro pruebas que componen el test (Lenguaje, Matemática, Ciencias Sociales y Ciencia) y obtuvieron los anhelados 850 puntos. A bastante distancia la siguen Lo Barnechea (22) y Vitacura (21).
La ventaja del sector oriente de Santiago no es anecdótica, sino que refleja el peso que sigue teniendo la variable socioeconómica en los resultados de la PSU y que ha sido la tónica durante los seis años en que lleva aplicándose.”
Una vez más, ya sabemos que sectores socioeconómicos habitan principalmente en comunas como Las Condes, Lo Barnechea y Vitacura. Siempre se ha afirmado que, aparte de todas las desigualdades a nivel país, Santiago es además una ciudad ultrasegregada social y espacialmente. Estas cifran refuerzan dicha percepción.
Algunos elementos a considerar:
Ampliación de la cobertura de la PSU:
Frente a esta profundización de la brecha de resultados entre los sectores más ricos y pobres, medida en la PSU, hay varios elementos que considerar. Si bien es innegable dicha brecha y su ampliación (el año anterior la diferencia de puntajes fue de 140 a favor de los colegios particulares pagados versus los municipales, es decir, aumentó en 10 puntos la brecha) también debe considerarse, arguyen los expertos, que la cantidad de estudiantes que dan la PSU ha crecido enormemente. Si el 2004 la rindieron 159 mil inscritos, el 2008 aumentó a 277 mil, muchos de ellos inscritos por primera vez gracias a la fuerte campaña de entrega de becas de inscripción que ha impulsado el gobierno luego de las movilizaciones pingüinas del 2006. ¿Qué significa esto? Significa que hoy en día más alumnos están dando la PSU y que gran parte de ellos provienen de los sectores más “vulnerables” (nuevo concepto que junto a “alumnos prioritarios” define a los estudiantes más pobres del país). Y como la correlación entre “vulnerabilidad” y bajos rendimientos académicos en nuestro país es cosa ya, lamentablemente, instalada, al aumentar el porcentaje de inscritos de bajos recursos los puntajes de esos sectores siguen decreciendo relativamente. En resumidas cuentas, ahora sabemos mejor lo mal que les va a aquellos estudiantes más vulnerables.
Distribución de la población escolar por nivel socioeconómico y dependencia:
Desde hace unos años, el propio SIMCE ha venido estableciendo relaciones entre nivel socioeconómico, dependencia de los estudiantes por establecimiento y resultados de aprendizaje. Y las cifras han demostrado que, por ejemplo, en los sectores socioeconómicos más bajos los resultados de los alumnos de colegios municipalizados son mejores que los obtenidos por aquellos que asisten a colegios particulares subvencionados. Esta diferencia se invierte en los sectores medio bajos a favor de los particulares subvencionados y en los sectores más adinerados los mejores resultados los obtienen los estudiantes de los colegios particulares pagados, colegios que no atienden a los jóvenes de los sectores más pobres, obviamente. Algunas estadísticas para el SIMCE 4º básico 2007, a modo de muestra (5):


Lo importante es que estas estadísticas demuestran que los colegios municipalizados atienden a los jóvenes de los sectores más pobres del país y con aquellas condiciones socioeconómicas los resultados que obtienen no son malos. Mientras los colegios particulares pagados trabajan con los estudiantes de los sectores más ricos y que portan mayor capital cultural por su situación y origen -como se dice en el lenguaje de la cocina educativa, trabajan con “puro filete”- por lo que sus mejores resultados no obedecen especialmente a sus méritos como instituciones educativas, sino al hecho de que sus estudiantes gozan de las mejores condiciones para estudiar y alcanzar logros. Y así pasamos a un último punto que, a propósito de esto, quisiera recordar.
Desigualdad y valor agregado:
Hace unos años, el MINEDUC viene estudiando introducir el estudio de “valor agregado” en las mediciones SIMCE y aunque el concepto excesivamente economicista no es de mi agrado, creo que sirve para apreciar otra arista del tema de la desigualdad educativa. En la fundamentación de la relevancia de estudiar y medir el valor agregado de la educación, el ministerio señala que:
“…Considerando que una misión fundamental de la escuela es lograr que sus alumnos aprendan, es lógico pensar que el SIMCE debe tender a medir aprendizajes y no solo el rendimiento actual de los alumnos. El rendimiento actual de los alumnos (estimado a través del puntaje promedio de cada escuela) es reflejo no solo de la calidad de la enseñanza impartida, sino que también es reflejo de las “diferencias de entrada” de los alumnos al sistema escolar. Así, por ejemplo, es esperable que una escuela capaz de atraer o seleccionar alumnos con mejores destrezas académicas obtenga un puntaje promedio más alto que otra escuela menos selectiva. Por ello, no sería justo ni válido atribuir las diferencias de puntaje promedio entre ambas escuelas solamente a diferencias en la calidad de la enseñanza impartida.”(6)
¿Por qué traigo a colación esto aquí? Porque cuando se dan los resultados de la PSU y el SIMCE se tiende a ”satanizar” a los establecimientos municipalizados y a sus alumnos por sus bajos resultados y a ensalsar a los colegios particulares pagados por los altos rendimientos obtenidos por sus alumnos, elaborándose en base a ello aparatosos y publicitados rankings de los 10, 50, 100 “mejores colegios” del país. Y se olvidan las llamadas “diferencias de entrada” de las que habla el MINEDUC. Aunque el proyecto de valor agregado es bastante más complejo y sutil que la idea que aquí recojo y las comparaciones son internas a los establecimientos en diversos momentos de su desempeño, igualmente es útil para introducir otros enfoques en este tema.
Intentaré explicar el punto con un sencillo ejemplo inventado: Imaginemos dos establecimientos, el colegio A (municipalizado) y el Colegio B (particular pagado).
Supongamos que al colegio A los alumnos ingresan con un nivel de aprendizaje (fruto de sus condiciones socieconómicas y del capital cultural que traen) medido en una unidad estandar equis de 10. Al Colegio B los alumnos ingresan con un nivel de 17 (sin siquiera considerar el hecho de que los establecimientos particulares pagados realizan una fuerte selección académica, además de la obvia por costos de matrícula). Al terminar el colegio A sus alumnos egresan con un nivel de aprendizaje de 18, mientras los del colegio B lo hacen con 22. Obviamente los egresados del colegio B al finalizar su educación obtienen mejores resultados (en nuestra hipotética escala de puntaje) que los egresados del colegio A. Sin embargo, si medimos cómo entraron unos y otros y cómo egresaron, vemos que los estudiantes del establecimiento A avanzaron más (de 10 a 18, es decir, 8 puntos) mientras los del establecimiento B solo avanzaron 5 puntos (de 17 a 22). Es decir, la escuela A aportó más valor agregado a sus estudiantes que venían en condiciones más desmejoradas y esa es una medida de “calidad” educativa (quierase darle el significado que se quiera a calidad…ese es otro gran tema) más real que los resultados finales que obtienen los estudiantes de unos u otros establecimientos.
En fin, podríamos seguir aportando datos, discutiendo visiones, estadísticas y teorías, pero la verdad es que lo único que intentaba era responderle a mi hija y su hermoso desconcierto.
No estoy segura si ella me entendió o no…pero por eso me senté y escribí esto, con la esperanza de ayudarla a entender esta horrorosa desigualdad educativa de nuestro país que tiene, sin duda, explicación pero no justificación. Agradezco que una niña pueda aún sorprenderse frente a tanta desigualdad… creo entonces que todavía hay alguna esperanza..
C.
Referencias:
(1) PSU: Prueba de Selección Universitaria
(2)
Cuando la suerte está echada: estudio cuantitativo de los factores asociados al rendimiento en la PSU
(3) Diario La Nación http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20081222/pags/20081222221905.html
(4) Diario El Mercurio “Sólo cinco comunas concentran el 45% de los puntajes nacionales de la PSU de este año” http://diario.elmercurio.com/2008/12/22/nacional/especial/noticias/847873D7-1584-492A-B65C-110A5F12444E.htm?id=847873D7-1584-492A-B65C-110A5F12444E
(5)
Informe SIMCE 2007 Mineduc
(6) Mineduc. Proyecto de valor agregado SIMCE. http://www.simce.cl/index.php?id=245&no_cache=1